El tabaquismo es el principal responsable de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), una afección que no solo daña los pulmones, sino que termina «asfixiando» al corazón. Esto ocurre porque el humo provoca hipertensión pulmonar: una condición donde las arterias se vuelven tan rígidas y estrechas que el corazón debe realizar un esfuerzo extremo para bombear sangre. Con el tiempo, este sobreesfuerzo agota al músculo cardíaco, provocando que pierda su fuerza y el cuerpo deje de recibir el oxígeno necesario.
Hasta ahora, la ciencia no ha logrado descifrar exactamente cómo el humo del cigarrillo inicia esta peligrosa transformación en los vasos sanguíneos. Sin embargo, una investigación liderado por la Dra. Andrea Méndez, de la Universidad de las Américas, y de la que es co-investigador el Dr. Diego Rojas, de la Universidad Autónoma de Chile, identificó a un culpable silencioso: una proteína llamada receptor P2Y6.
El estudio, publicado en el Biomedicine & Pharmacotherapy revela que el humo activa este receptor, generando cambios estructurales tales como engrosamiento arterial, lo que lleva a defectos funcionales que afectan el paso normal de sangre e induciendo hipertensión pulmonar.
Aunque el hallazgo se realizó en modelos de laboratorio (ratones), es un paso clave para la medicina: los investigadores descubrieron que, al bloquear esta proteína, los efectos dañinos del tabaco en las arterias disminuyen significativamente. Esto abre, por primera vez, una ruta clara para entender —y potencialmente frenar— el daño que el cigarrillo causa en la circulación pulmonar.
“Con Andrea llevamos al menos 3 años trabajando juntos en el área del rol de humo del cigarrillo en los pulmones. Este trabajo surgió como una colaboración, donde yo aporté mi experiencia en modelos animales enfocados en el estudio de los daños en el pulmón”, explica el Dr. Rojas, quien además es parte del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Autónoma.
Aunque el descubrimiento marca una ruta clara para futuras investigaciones, los resultados aún no han sido probados en seres humanos, por lo que todavía no se puede hablar de una cura en el corto plazo.
Sobre los próximos pasos en esta investigación, el Dr. Rojas cuenta que “a través de estudios realizados en nuestro instituto, estamos evaluando los cambios estructurales de las vías aéreas –conductos que llevan el aire a través de los pulmones- usando equipamiento científico de la más alta tecnología. Los resultados tienen el potencial de ayudarnos a entender por qué el cigarrillo causa lesiones tan graves en los pulmones y generar nuevos tratamientos farmacológicos que prevenga daños asociados a la hipertensión pulmonar”.