La práctica profesional constituye una etapa clave en la formación de estudiantes del área psicosocial, al permitir la aplicación de conocimientos en contextos reales y fortalecer competencias esenciales para el ejercicio profesional. Así lo evidencia Valentina Veloso, psicóloga titulada de la Universidad Autónoma de Chile, quien realizó su práctica y posterior pasantía durante 2024 y el primer semestre de 2025 en el Programa de Prevención e Intervención de Violencia en Pareja y Familia (Programa VIF) de la casa de estudios.
Su incorporación al programa respondió a un interés por el ámbito sociojurídico y a experiencias previas que orientaron su vocación. “Sentía que podía aportar desde lo profesional, pero también desde mi historia personal. Acompañar a personas que han vivido violencia era algo que me movilizaba profundamente”, comenta.
Durante el primer semestre, participó en un proceso de inducción teórica y metodológica, enfocado en la comprensión de la violencia intrafamiliar y de género, el conocimiento del marco jurídico vigente, la prevención de la revictimización y el uso de herramientas de intervención como el genograma y la escucha activa. Esta etapa sentó las bases para su posterior desempeño en terreno.
En el segundo semestre, se integró a instancias de intervención directa, acompañamiento a víctimas, realización de talleres, incluyendo experiencias en el Centro de Justicia y en recintos penitenciarios, apoyo en procesos de peritaje. Estas experiencias, señala, fueron significativas tanto en el ámbito profesional como personal. “Ver procesos de cambio en las personas y ser parte de ello es algo que no se olvida”, destaca.
Tras finalizar su práctica, continuó vinculada al programa en calidad de pasante, asumiendo mayores responsabilidades. Actualmente, se desempeña en un Programa de Intervención Especializada (PIE) de la Fundación Crea Equidad, en convenio con el Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia.
Respecto a su formación, Valentina enfatiza que los aprendizajes adquiridos en el Programa VIF han sido fundamentales en su ejercicio profesional. “La mirada de respeto, el enfoque de derechos, la empatía, la alianza terapéutica y el autocuidado profesional son herramientas que aplico diariamente”, señala.
Finalmente, entrega un mensaje a quienes consideran integrarse al programa: “Es una experiencia exigente, pero profundamente enriquecedora. Invito a participar con vocación, disposición al aprendizaje y compromiso con el acompañamiento respetuoso de las personas”.