Los destinos turísticos de La Araucanía requieren planes comunales actualizados, protocolos específicos para visitantes y mayor coordinación local para enfrentar emergencias y recuperar su actividad. Ese fue uno de los planteamientos del Mg. Rodrigo Santander Massa, coordinador de proyectos del Instituto Iberoamericano de Desarrollo Sostenible (IIDS) de la Universidad Autónoma de Chile, Sede Temuco, al analizar la preparación regional frente a eventos climáticos extremos.

“La Araucanía no parte desde cero. Existen instrumentos, capacidades y avances importantes, pero todavía debemos fortalecer la coordinación, la preparación local y la incorporación del turismo en la gestión del riesgo. El desafío es pasar de la planificación a capacidades concretas en cada destino turístico”, afirmó.

El especialista presentó la ponencia “¿Qué tan preparados estamos? Riesgos y vulnerabilidades frente a eventos climáticos extremos en La Araucanía”, durante la Expo “La Araucanía se prepara”, organizada por SENAPRED Araucanía en el recinto SOFO de Temuco.

Clima y turismo

El escenario climático proyectado que examinó Santander considera un aumento de las temperaturas, una disminución de las precipitaciones y sequías más intensas, junto con un mayor riesgo de incendios forestales. A ello se suman episodios concentrados de lluvia que pueden provocar inundaciones, aluviones y cortes de conectividad, además de una menor acumulación de nieve y una creciente presión sobre bosques, humedales, ríos, lagos y biodiversidad.

En su exposición, explicó que los registros climáticos históricos permiten distinguir episodios aislados de cambios persistentes y aportan evidencia para orientar la planificación territorial. Para evaluar el riesgo, señaló que las amenazas deben analizarse junto con la exposición de comunidades, ecosistemas, infraestructura y actividades económicas.

El turismo fue abordado como un sector especialmente vulnerable por su dependencia del clima, la conectividad, los servicios básicos y la conservación de los ecosistemas, así como de la seguridad de comunidades y visitantes.

Los incendios pueden afectar parques nacionales, santuarios de la naturaleza y servicios turísticos; la menor disponibilidad de nieve amenaza las actividades de montaña, mientras que la pérdida de biodiversidad puede reducir la diversidad y calidad de la oferta regional.

Planes y capacidades

La presentación examinó los instrumentos regionales y comunales que permiten reconocer amenazas, asignar responsabilidades, definir rutas de evacuación y organizar la respuesta. Según el diagnóstico, su aplicación al turismo sigue siendo parcial: existen diferencias en la vigencia y calidad técnica de los planes comunales, una limitada incorporación de protocolos para visitantes y prestadores, y una débil articulación con la planificación turística y los desafíos del cambio climático.

El diagnóstico identificó brechas en capacitación, simulacros, comunicación y continuidad operativa, así como en la consideración de la población flotante durante las temporadas de mayor demanda. La evaluación incluyó también las marejadas y las erupciones volcánicas entre las amenazas a las que están expuestos los destinos.

Para evaluar la resiliencia de los destinos, la exposición consideró seis dimensiones: planificación y gestión; infraestructura y conectividad; servicios de base; oferta turística; dimensión socioambiental; y demanda turística. Desde esa perspectiva, la preparación requiere rutas alternativas, servicios esenciales, capacidades institucionales y ecosistemas saludables que permitan mantener o recuperar la actividad después de una emergencia.

Prioridades de preparación

Entre las acciones propuestas estuvieron actualizar y completar los planes comunales de reducción del riesgo y emergencia, incorporar protocolos específicos para visitantes y prestadores turísticos, y fortalecer la conectividad digital y los servicios de emergencia.

El análisis también planteó orientar la inversión hacia infraestructura resiliente y sistemas de alerta temprana, además de diversificar la oferta turística para reducir su dependencia de temporadas y atractivos naturales sensibles.

Las recomendaciones incluyeron integrar a las comunidades locales y los conocimientos mapuche en la planificación, prevención y recuperación de los destinos. La conservación de los ecosistemas y la articulación entre conocimiento científico, gestión pública e inversión fueron consideradas condiciones para sostener la actividad turística y recuperar su funcionamiento después de una emergencia.

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