La Península Antártica registra un aumento de temperatura de casi 3°C en los últimos 50 años, provocando, por ejemplo, la pérdida de más de 25.000 kilómetros cuadrados de barreras de hielo estables. Este acelerado calentamiento es tres veces mayor que el promedio global y amenaza con desestabilizar un santuario biológico que ha permanecido aislado evolutivamente por millones de años.

“La Antártica en su mayor parte es territorio inexplorado, de muy difícil acceso, clima muy extremo y con todo tipo de cosas muy interesantes: la naturaleza del suelo, las pocas plantas o cómo la bacteria se asocia, permitiendo a la planta que crezca o se dañe. Muchas de las metodologías que se han desarrollado en otras partes del mundo nos permitirán mirar a la Antártica de una manera completamente diferente”, señaló en su primera visita a Chile el Dr. Chiquito Crasto, director del núcleo de bioinformática del Texas Tech University (Estados Unidos), que unió sus capacidades con la Universidad Autónoma de Chile y la Universidad de Concepción para conformar la Red de Investigación Multidisciplinaria para el Descubrimiento y Aplicación de Recursos Antárticos (Red Antar Multi-Omics) (ver nota).

Perspectiva Multiómica: desde el cáncer a la agricultura

En su paso por Santiago y Temuco, entre el 13 y el 24 de abril, el científico nacido en Goa (India) dictó una serie de conferencias enfocadas en un cambio de paradigma metodológico: dejar de observar la superficie de los ecosistemas para descifrar su comportamiento molecular. “Una de las formas más fáciles de explicar la multiómica es desde el punto de vista de la enfermedad. Por ejemplo, al comparar el nivel del ADN y de las proteínas entre alguien con y sin cáncer, podemos decir cuál es la diferencia entre ambas personas y comenzar a diseñar medicamentos para atacar esas proteínas. Así, lo que hace la multiómica —la proteómica y la genómica— es permitirnos mirar a nivel básico de las moléculas en nuestro cuerpo”, explicó el Dr. Crasto.

En esa línea, agregó que “la misma metodología se puede utilizar para la agricultura. Por ejemplo, estudias cuántas bacterias hay en un suelo en particular y cuántas de ellas son buenas o malas para que la planta prospere en igual clima y suelo. El punto es ir varios niveles por debajo del sistema; por eso, usamos la comparación entre genotipo y fenotipo como una forma de evaluar la información, donde vemos cuál es la causa subyacente de lo que estamos observando”.

¿Calentamiento o enfriamiento global?

Para descifrar los mecanismos de supervivencia en la Antártica, el Dr. Chiquito Crasto recurre a una analogía con las bacterias termófilas: organismos que logran prosperar cerca del punto de ebullición —donde el calor normalmente mataría cualquier germen—, desafiando la biología convencional. “Normalmente, cuando quieres beber agua y no estás seguro si tiene contaminantes, la hierves para matar todos los gérmenes. Pero si tienes bacterias que sobreviven a 95°C en las fuentes termales, hay algo diferente en ellas. La multiómica nos permite mirar qué sucede a nivel molecular y del ADN para entender cómo sobreviven al calor o el frío extremo”, planteó el investigador del Texas Tech University.

“Ya no solo hablamos de calentamiento global, porque también podría haber un enfriamiento”, advierte al citar la Pequeña Edad de Hielo (que afectó a Europa desde el siglo XIV al XIX) y que permitió, especialmente durante los siglos XVII y XVIII, instalar mercados sobre el río Támesis en Londres. Según el Dr. Crasto: “Si tenemos una mini era de hielo, es clave aprender de las plantas y los microorganismos que sobreviven a climas extremos para estar mejor preparados y extender algunas de las unidades básicas de la vida”.

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