Treinta millones de personas en el mundo, y cerca de 170 mil pacientes proyectados en Chile, padecerán algún tipo de herida compleja a lo largo de su vida. Bajo ese contexto, las lesiones crónicas —como las úlceras vasculares o de pie diabético— se han transformado en una verdadera epidemia silenciosa que exige innovación urgente. Tradicionalmente, evaluar si estos tejidos profundos están sanando implica retirar los vendajes de forma repetitiva, convirtiéndose en un proceso lento, doloroso y basado en la observación visual, lo que retrasa la toma de decisiones clínicas oportunas.

Para zanjar este déficit, el investigador Dr. Luisbel González, del Instituto de Ciencias Aplicadas de la Universidad Autónoma, junto a un equipo multidisciplinario, desarrolló un hidrogel bioeléctrico que acelera la reparación de la piel en lesiones profundas, alcanzando un 96,7% de cierre (paper). Este dispositivo funciona como un sensor avanzado que permite monitorear la evolución del tejido sin retirar el apósito, transformando una curación simple en una herramienta de diagnóstico inteligente.

El lenguaje eléctrico de la piel

“El parche detecta una firma eléctrica indirecta del proceso de reparación. A menor resistencia al paso de carga, existe mayor capacidad de almacenar y liberar energía; por consiguiente, se genera una difusión iónica más fluida (sistema de mensajería de las células) dentro del hidrogel. Básicamente, el sensor lee si el entorno biológico de la lesión se está comportando como un tejido que regenera bien”, detalla el científico nacido en Matanzas, Cuba.

Dicho de otra forma, la tecnología traduce la actividad biológica en datos digitales. Al detectar que la corriente fluye sin obstáculos y que el material regula la oxidación, el sistema confirma que las células que fabrican piel se están desplazando correctamente y que el colágeno se está estructurando de forma funcional para cerrar la herida.

Grafeno y antioxidantes: la fórmula detrás del “parche”

El desarrollo de esta matriz libre de metales es fruto de un diseño colaborativo y multidisciplinario entre la Universidad Autónoma, la Universidad de Concepción y la Universidad de Sevilla, España. En su núcleo, la novedad radica en la combinación del óxido de grafeno reducido (rGO) y la proantocianidina (PA).

“La clave es que cada componente cumple una función distinta pero complementaria. El grafeno aporta la red conductora que facilita el transporte de carga eléctrica y mejora la sensibilidad del dispositivo; en cambio, la proantocianidina actúa como un escudo que neutraliza el daño celular y limpia la zona afectada. Al ensamblar, ambos elementos facilitan el desplazamiento de las células para sellar la lesión y eliminan más del 70% de las bacterias sin dañar los tejidos sanos”, explica el Dr. González.

Eficacia superior al 96%

Para validar el potencial de este biomaterial, el equipo llevó a cabo una investigación preclínica en un modelo de herida profunda en cerdos, cuya piel presenta una alta similitud con la humana. Los resultados superaron las expectativas: el prototipo alcanzó un 96,7% de cierre definitivo a los 21 días, mostrando una regeneración de vasos sanguíneos y una estructura de la dermis más organizada que los apósitos comerciales estándar. Asimismo, el estudio registró una hemólisis (daño en la sangre) inferior al 2%, lo que garantiza que el compuesto es bien tolerado por el organismo.

Con el hidrogel ya validado en laboratorio, los científicos se encuentran actualmente postulando el proyecto para iniciar los ensayos clínicos en personas. El investigador de 31 años resalta que “hasta ahora, los hallazgos son muy tranquilizadores. El material es compatible con la sangre y, en nuestras pruebas preliminares a largo plazo, las concentraciones de grafeno utilizadas no representan un riesgo para la salud. Se demuestra que esta señal eléctrica funciona como un indicador de regeneración, lo que abre la puerta a un parche inteligente conectado a un sistema portátil o incluso a una app”.

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