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Con brochas en mano, vocación de servicio y el firme deseo de generar cambios concretos, 30 estudiantes de la Universidad Autónoma de Chile, sede Temuco, protagonizaron una nueva versión del Voluntariado de Invierno, esta vez en la Escuela Padre Juan Wevering, ubicada en la localidad costera de Puerto Domínguez, comuna de Puerto Saavedra.

Durante una semana, los voluntarios transformaron sus vacaciones en una experiencia de trabajo colaborativo y sentido social, enfocada en el mejoramiento de espacios educativos para más de 100 niñas y niños que asisten a este establecimiento rural. Pintura de salas, reacondicionamiento de áreas comunes y revitalización de ambientes fueron parte de los esfuerzos que dieron vida al compromiso autónomo en terreno.

“Este voluntariado fue una gran oportunidad para descubrir mis capacidades como líder, trabajar en equipo y aportar a una comunidad que nos recibió con mucho cariño”, compartió Danilo Gallardo, estudiante de primer año de Trabajo Social, quien asumió la coordinación de un grupo de trabajo durante la jornada.

Desde Colombia, Carla Gallego, estudiante internacional de Fonoaudiología, también fue parte del equipo:“Lo más lindo de esta experiencia fue poder dar sin esperar nada a cambio. Me sentí acogida, aprendí de la cultura, conocí a personas maravillosas. Vivir para servir, eso es lo que me llevo”.

La jornada no estuvo exenta de desafíos. La logística, el esfuerzo físico y la coordinación constante entre los participantes fueron aspectos que exigieron compromiso y adaptabilidad. Sin embargo, el entusiasmo nunca decayó: cada rincón intervenido evidenció el espíritu solidario, transformador y humano que caracteriza esta iniciativa universitaria.

Formación con sentido

“Esta experiencia no solo les permite aplicar lo aprendido en su formación profesional, sino también generar vínculos reales, aportar desde sus conocimientos y trabajar colaborativamente en soluciones que impacten positivamente la calidad de vida de las personas”, recalcó Marcela Chávez, Directora Académica de la sede Temuco.

Por su parte, Ignacio Osorio, Director Corporativo de VidaUA, destacó que “en la Universidad no solo buscamos formar buenos profesionales, sino también personas con vocación de servicio, habilidades transversales y compromiso con su entorno. Este tipo de experiencias permite que nuestros estudiantes se vinculen con los territorios y aporten desde sus disciplinas al desarrollo de sus regiones y del país”.

En la misma línea, el Director de ExperienciaUA, Patricio Ponce, valoró el voluntariado como una instancia de alto impacto personal y comunitario:“Es una instancia enriquecedora que permite trabajar en equipo, afianzar lazos y poner en práctica valores como la empatía, la solidaridad y el compromiso social”.

Impacto local

La comunidad educativa de la Escuela Padre Juan Wevering recibió con gratitud la intervención. Docentes, estudiantes y apoderados expresaron su emoción y agradecimiento por el trabajo realizado.

“Ver a estos jóvenes trabajando con tanta dedicación por nuestra escuela nos llena de esperanza. Para nuestros niños será un regreso a clases distinto, más cálido, más bonito. Y eso tiene un valor incalculable”, señaló emocionado Esteban Martínez, director del establecimiento.

El cierre de la semana estuvo marcado por una ceremonia simbólica y emotiva, en la que se compartieron experiencias, se entregaron reconocimientos y se celebró el sentido colectivo del voluntariado. Los estudiantes regresaron a casa con mochilas llenas de aprendizajes, vínculos humanos y un renovado sentido de compromiso con la comunidad. Más que una actividad extracurricular, el Voluntariado de Invierno se consolida como una experiencia formativa que deja huella, tanto en quienes la reciben como en quienes la viven

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