En un escenario global donde la crisis climática reduce aceleradamente las reservas hídricas, la agricultura enfrenta el desafío definitivo: producir más alimento con menos recursos. Para Chile, las proyecciones señalan una caída de entre un 15 % y un 20 % en las precipitaciones durante la próxima década, según registros del World Resources Institute (WRI) y el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), una merma que sitúa al país dentro del Top 15 mundial de naciones más castigadas en disponibilidad de agua.

Esta presión ambiental pone en jaque la seguridad alimentaria y a cultivos esenciales como el poroto (Phaseolus vulgaris), la leguminosa más importante para el consumo humano directo. “El poroto es un alimento fundamental en la nutrición por el contenido de aminoácidos y particularmente de proteínas. Al ser Chile un subcentro de diversidad genética con más de 200 variedades locales, hoy existe una necesidad importante de proteína en la alimentación humana y este alimento aporta entre un 16 % y un 33 %”, advirtió el Dr. Patricio Arce, director del Instituto de Ciencias Aplicadas de la Universidad Autónoma, durante el workshop “Biotecnología para la sustentabilidad alimentaria”, realizado el 30 de octubre en el Centro de Investigación e Innovación de la casa de estudios, en Huechuraba.

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Sustentabilidad alimentaria frente al cambio climático

Durante los últimos tres años, el científico lideró el proyecto Anillo ATE230007 de ANID –desarrollado junto a expertos de la Universidad de La Frontera y la Universidad Católica de Temuco–, enfocado en optimizar el cierre de los poros de las hojas para frenar la pérdida de agua mediante herramientas biotecnológicas como la poliploidización y la edición genética (CRISPR/Cas), las cuales se complementaron con el uso de bacterias de ambientes extremos, como la Antártica, que refuerzan la resistencia natural del cultivo a la sequía.

“El objetivo se cumplió con creces; casi duplicamos las publicaciones comprometidas al alcanzar 29 artículos. Formamos profesionales altamente calificados —biólogos, bioquímicos, ingenieros, doctores y posdoctorantes— sumando 11 jóvenes investigadores. Además, desarrollamos productos registrables, nuevos consorcios bacterianos que facilitan la actividad agrícola y plantas mejoradas de frijol que potenciarán la agricultura chilena e internacional”, detalló el Dr. Arce.

De la nutrición a la agronomía

“A nosotros nos correspondió hacernos cargo de la fisiología y nutrición vegetal. Durante estos tres años probamos las cepas en el poroto —trabajando con la variedad nativa ‘Sapito’ y la comercial ‘Zorzal’— y comprobamos que son herramientas muy prometedoras. No solo ayudan en la nutrición de nitrógeno y fósforo, sino que también permiten que la planta aumente de manera efectiva su resistencia frente al déficit hídrico”, destaca la Dra. Marjorie Reyes, investigadora principal del proyecto y académica de la Universidad de La Frontera.

En esa misma línea, el Dr. Claudio Inostroza, investigador del proyecto y vicerrector de Investigación y Postgrados de la Universidad Católica de Temuco, resaltó el aporte territorial de su equipo: “Aportamos desde la fisiología y la agronomía del cultivo, evaluando sus distintos estados fenológicos, desde la siembra con la bacteria hasta el llenado del grano. Vimos que prácticamente todas las bacterias analizadas tienen un efecto positivo en el desarrollo radicular y la biomasa, lo que impacta de forma directa en el rendimiento y la calidad de la semilla”.

Asimismo, los avances en poliploidización y en la edición del gen candidato PvMYB60 abrieron proyecciones clave para el mejoramiento genético de la especie. “Logramos líneas con tasas fotosintéticas muy interesantes que pueden repercutir en un mayor rendimiento productivo. Si bien encontramos barreras en la genética del poroto que dificultan la herencia de estas características, esto abre una nueva línea de investigación para comprender mejor el cultivo y aplicar la técnica a futuro”, explica la investigadora posdoctoral Vera Martínez.

Las leguminosas en Chile

El workshop contó además con presentaciones y una mesa redonda que profundizó en los avances científicos, oportunidades y retos de las leguminosas a nivel nacional, consolidando una red internacional que conecta a Chile con 13 países y mantiene 7 proyectos activos de continuidad.

En la instancia participaron las directoras Ana Gutiérrez (Investigación, U. Autónoma), Kattia Núñez (Doctorados, U. Autónoma) y Ana Luengo (subdirectora de I+D de INIA Carillanca en La Araucanía), junto a las doctoras Aparna Banerjee, Marjorie Reyes, Valentina Vallejos y Vera Martínez. A ellas se sumaron los directores Basilio Carrasco (Científico del CEAP) y Miguel Ángel Sánchez (Ejecutivo de ChileBio).

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