En el mundo, unos 140 millones de personas habitan en zonas de gran altitud y, en Chile, hasta 80.000 trabajadores laboran en estas condiciones. Sumados a los 900 millones de pacientes con apnea obstructiva a nivel global, se evidencia una exposición masiva a la hipoxia: la falta de oxígeno en el organismo.

“La apnea del sueño, la falla cardíaca o la alta montaña activan el mismo tipo de respuesta. Estamos expuestos a la hipoxia mucho más de lo que la gente cree y el cuerpo carotídeo juega un papel clave en condiciones en las cuales el organismo responde mal”, plantea el Dr. Rodrigo Iturriaga, profesor titular del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Autónoma.

De las montañas a la microgravedad

Comprender cómo el ser humano enfrenta este desafío motivó al académico a estudiar el cuerpo carotídeo —órgano situado en el cuello y conocido históricamente como nuestro principal sensor de oxígeno— y llevar su análisis al espacio.

Escrito en colaboración con el Dr. David Andrade —académico de la Universidad de Antofagasta y exalumno de Iturriaga—, el artículo Carotid Body Chemoreceptors: from Mountain to Space alcanzó un hito de impacto global al convertirse en la portada de la revista Physiology (volumen 41, 2026). Al ubicarse en el top 25% mundial de su disciplina (Q1) y registrar un altísimo nivel de citas (14.6 de impacto), este reconocimiento sitúa al hallazgo chileno en la cima de la fisiología internacional.

physiology portada

«Los astronautas, cuando regresan, prácticamente no se pueden parar. Los viajes espaciales provocan la pérdida de los mecanismos ortostáticos que te mantienen de pie, pues debe llegar sangre a la cabeza mediante receptores que censan caídas de volumen. ¿Te has levantado muy rápido y sientes mareo? Eso les pasa cien veces más a quienes van al espacio», detalla el investigador de 70 años.

El académico explica que en microgravedad, el quimiorreflejo desata un conflicto en las arterias: el sistema nervioso las contrae e impide que la vasodilatación por óxido nítrico actúe correctamente. Al llegar menos sangre a los músculos, estos pierden fuerza, un deterioro que se agrava con alteraciones en el eje intestino-cerebro-músculo. «Hoy no hay un blanco farmacológico definitivo para proteger a los astronautas. Entender esta fisiología es el primer paso hacia la conquista del espacio», enfatiza.

El blanco farmacológico del futuro

Para simular la ingravidez en el laboratorio, los investigadores utilizaron un modelo de roedores suspendidos de la cola. Este desplazamiento de fluidos hacia la cabeza activó los quimiorreceptores del cuello, causando una drástica pérdida de masa y fuerza en el sóleo, el músculo principal para mantenernos erguidos. Frente a este desafío, el equipo probó una estrategia de vanguardia: el uso de tecnología quimiogenética (DREADDs) mediante vectores virales, es decir, introducir transportadores moleculares diseñados para ‘silenciar’ a voluntad las células del cuerpo carotídeo. Al lograr bloquear selectivamente las señales de este órgano, los científicos abrieron el camino para el desarrollo de futuros fármacos y biosensores protectores no invasivos.

“El cuerpo carotídeo tiene 180 años de estudio, pero en las últimas dos décadas impulsamos un cambio de paradigma. Quienes trabajamos en esto estamos como Colón al salir hacia América: descubriendo algo enorme. Creo firmemente que este pequeño órgano es un blanco farmacológico y molecular clave; ser portada en Physiology es un hito fundamental que reconoce la ciencia desarrollada en Chile”, concluye el Dr. Iturriaga, cuyo hallazgo lo ha llevado estos meses a exponer como referente internacional en congresos en Gramado (Brasil), Pekín (China) y Oviedo (España).

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