Considerada erróneamente como una consecuencia inevitable del envejecimiento, la incontinencia urinaria (IU) es un grave problema de salud que en Chile afecta hasta al 60% de las mujeres mayores, limitando drásticamente su movilidad, autonomía y participación social.

A raíz de este preocupante panorama, la Dra. Emilia Escalona, investigadora de la Universidad Autónoma de Chile, implementó una unidad móvil que entrenó la musculatura del suelo pélvico en 32 mujeres de Talca para controlar la afección y mejorar su calidad de vida. “El espacio de conversación seguro fue clave para que pudieran expresar su sentir; ayudó a que no se sintieran olvidadas ni invisibilizadas y, a través del conocimiento y la educación, contribuimos a disminuir tabúes. Es muy relevante tratarnos con mucha empatía y comprensión entre nosotras, esto puede generar una diferencia”, destacó la académica del Instituto de Ciencias Biomédicas.

Ejercicios pélvicos y biofeedback

Financiado por ANID a través del fondo Desafío Global de Longevidad Saludable (NAM), el trabajo consistió en una iniciativa pionera que llevó la ciencia directamente a la comunidad, colaborando con juntas de vecinos como Doña Ignacia, Doña Antonia, Don Sebastián y Villa Santa Marta. La intervención combinó talleres educativos con un protocolo de 12 sesiones de reentrenamiento muscular asistido por biofeedback, una tecnología que permite a las usuarias visualizar en tiempo real la fuerza de sus contracciones.

Para evaluar y trabajar con precisión kinésica, las pacientes se posicionan boca arriba con caderas y rodillas flexionadas, apoyadas sobre un cojín. En esta postura, guiadas por profesionales, ejecutan maniobras de contracción voluntaria aislada, aprendiendo a focalizar el esfuerzo en esta zona sin activar los músculos abdominales, glúteos ni de las piernas. Este proceso no solo fortalece el área afectada, sino que entrega herramientas de autoconocimiento corporal que permiten a las adultas mayores controlar la sintomatología de forma autónoma.

“El impacto multidimensional que tuvo en las participantes fue que mejoraron significativamente su autoestima y bienestar mental, de la mano con un incremento de la fuerza muscular. Al término de la intervención, su participación social ya no se veía tan afectada por la IU y también mejoró su calidad de vida medida por el cuestionario WHOQOL-BREF”, detalló la científica talquina al presentar el cierre del proyecto.

Logros comprobados

Tras concluir la intervención clínica, los resultados superaron las expectativas iniciales: mediante el cuestionario ICIQ-SF se registró una drástica caída en la severidad del problema, pasando de una mediana de categoría severa a leve, de 13 a solo 4 puntos. Como hito principal, el 37,04% de las participantes terminó completamente libre de incontinencia urinaria.

En esa línea, la Dra. Escalona explicó que: “Logramos realizar un seguimiento durante los tres meses posteriores al tratamiento, evaluando el grado de incontinencia urinaria. Observamos que, al menos en este periodo, los resultados se mantuvieron. Aunque en algunos casos hubo pequeñas variaciones de mejoras o un leve incremento, será fundamental comprender los factores asociados a estos cambios para mejorar la sostenibilidad de la terapia en el tiempo”.

Tras finalizar esta primera etapa impulsada por el fondo internacional, el siguiente paso del equipo investigador apunta a desarrollar instrumentos transferibles que permitan escalar este exitoso modelo y replicarlo tanto en otras localidades del país como en la red pública de salud.

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