Muchas veces, las empresas frenan sus ganas de innovar bajo la falsa creencia de que hacer ciencia aplicada exige instalaciones inalcanzables o un papeleo estatal imposible. Para cambiar esta realidad, la Ley de Incentivo Tributario a la Inversión en Investigación y Desarrollo (Ley I+D) funciona como un motor económico que permite a las empresas chilenas recuperar hasta un 52% del dinero que invierten en crear nuevas tecnologías o resolver problemas complejos. Aunque este beneficio vencía originalmente en 2025, su reciente extensión por diez años más —hasta 2035— entrega la seguridad que la industria necesita para planificar a largo plazo.

Para derribar estas aprensiones —y demostrar que la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) hoy certifica más del 80% de los proyectos presentados—, la Dirección de Innovación y Transferencia de la Universidad Autónoma de Chile organizó en el Centro de Investigación e Innovación en Huechuraba la jornada “Cómo aprovechar la Ley I+D en tu empresa”, encuentro que contó con la exposición técnica de Corfo y la exitosa experiencia de AgroAdvance.

Desafiando al mito

Durante su exposición, Paulina Vergara Alarcón, ejecutiva técnica de la Subdirección de Incentivo Tributario de Corfo, repasó el histórico del instrumento entre 2012 y 2025: a nivel nacional se registran 1.912 iniciativas aprobadas, de las cuales 912 corresponden a la Región Metropolitana, impulsadas por 464 compañías. “Durante este primer semestre de 2026 hemos visto un aumento del 37% de empresas nuevas que utilizan el beneficio, y los porcentajes de aprobación superan el 80%. Todo este trabajo apunta a que lleguen más organizaciones y validen más proyectos”, resaltó la especialista.

Asimismo, Vergara enfatizó que este mecanismo mitiga la aversión al riesgo del sector privado al permitir recuperar cerca de la mitad de los recursos invertidos, lo que dinamiza la economía interna, aumenta la rentabilidad operativa (EBITDA) y fortalece la creación de empleos. “Lo positivo es que el Estado te apoya devolviendo parte de lo que aportas; es como hacer una especie de proyecto 2×1 para reinvertir al año siguiente. En este proceso, las universidades actúan como ese brazo tecnológico clave que fomenta la transferencia de conocimientos y ayuda a que las empresas mejoren su competitividad trabajando en conjunto”, valoró.

La experiencia privada

La jornada también incluyó la visión del sector privado de la mano de Fernanda Flores Echeverría, gerente de Proyectos y Asuntos Regulatorios de AgroAdvance. Con una trayectoria iniciada en 2014 que ya suma tres iniciativas certificadas —y una cuarta en proceso de postulación para este año—, la compañía de biotecnología compartió su estrategia para integrar la investigación en el desarrollo de productos con llegada al mercado. Entre las claves del éxito, Flores destacó la importancia de la disciplina corporativa: “Socializar los proyectos, acudir a las opciones que te da Corfo, ser muy ordenados y disciplinados en las rendiciones. Si tú tienes todo eso, los proyectos van a salir muy buenos y te van a permitir hacer I+D dentro de las corporaciones”.

La ejecutiva, además, reflexionó sobre el impacto de este derecho estatal frente al bajo porcentaje de inversión en ciencia que registra el país en relación con su PIB (Producto Interno Bruto). Para Flores, la Ley I+D funciona como un aliciente fundamental para mitigar riesgos tecnológicos y levantar capital interno, un proceso que se potencia exponencialmente al sumar a las instituciones de educación superior. “Es una tríada perfecta. La universidad tiene capacidad, tiene investigadores, tiene infraestructura, y nosotros muchas veces no tenemos el tiempo. Vincularnos, hacer sinergia y co-desarrollo es un beneficio para el Estado, la empresa y la universidad”, concluyó.

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Facilitadora estratégica

Para cerrar la jornada, Daniela Fuentes, coordinadora de la Oficina de Transferencia y Licenciamiento (OTL) de la Universidad Autónoma de Chile —unidad dependiente de la Dirección de Innovación y Transferencia—, destacó que el encuentro marca un punto de inflexión para posicionar a la institución como un puente estratégico entre el conocimiento científico y la industria local, especialmente en la comuna de Huechuraba. “Como universidad nunca hemos trabajado con empresas que hayan usado esta ley, por eso también es nuestro interés de traer a Corfo para que nos muestre cómo se utiliza, para nosotros como universidad poder apoyar a las empresas a postular a esta ley y nosotros apoyarlos en la parte de investigación. El gran salto que da la Universidad Autónoma es vincularse con la industria y ser facilitadores para sus postulaciones a la Ley I+D”, concluyó.

Cabe mencionar que esta actividad fue organizada y financiada por el proyecto OTL (código 230013), de ANID.

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