El impacto del cambio climático y la prolongada escasez de agua han golpeado duramente a la Región de Coquimbo. En los últimos cinco años, la zona pasó de 73 mil hectáreas cultivadas a apenas 42 mil —de las cuales 27 mil corresponden a frutales y el resto a hortalizas—, según cifras oficiales de la Sociedad Agrícola del Norte.

Frente a esta situación crítica, un equipo científico de la Universidad Autónoma de Chile —dirigido por la Dra. Aparna Banerjee y compuesto por los doctores Patricio Arce, Gino Corsini, Kattia Núñez, Carlos Peña y Claudio Mella— impulsa el proyecto Micropolis: Soluciones microbianas para la resiliencia del poroto común (Phaseolus vulgaris L.).

Compromiso público y privado

La iniciativa fue uno de los tres proyectos seleccionados —de un total de 37 postulaciones— del Fondo de Investigación en Agricultura en contextos de Escasez Hídrica – Asignación Rápida 2025, de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), obteniendo un financiamiento de $192 millones a ejecutar en un año.

En la ceremonia de lanzamiento, desarrollada el 9 de julio en el Centro de Investigación e Innovación en Huechuraba, participaron la Dra. Ana Gutiérrez, directora de Investigación de la Universidad Autónoma; la Seremi de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de la Región de Coquimbo, Maité Arenas; y el alcalde de Paihuano, Hernán Ahumada.

“La crisis hídrica está golpeando a la región desde hace más de 10 años. Esta iniciativa de la Universidad Autónoma es totalmente relevante para nuestro territorio, y no solo para el Valle del Elqui, sino para nuestras tres provincias: Elqui, Limarí y Choapa. Tenemos crianceros y agricultores que lo están pasando realmente muy mal y han sufrido las consecuencias. Estamos trabajando en soluciones porque esto es una prioridad presidencial”, señaló la autoridad gubernamental. En tanto, el jefe comunal reflexionó: “La necesidad es urgente. Prácticamente ya no quedan agricultores y los tranques están con muy poca agua, llegando a niveles históricos. Por lo tanto, este tipo de iniciativas que miran al futuro nos emociona y nos llena de esperanza para ellos, en el ámbito alimentario y social”.

Microorganismos y polisacáridos

Durante el encuentro, la Dra. Aparna Banerjee detalló los alcances científicos y operativos de Micropolis. La propuesta biotecnológica consiste en la creación de un bioestimulante —diseñado como pequeñas perlas que se hinchan al retener líquido— formulado a base de bacterias promotoras del crecimiento vegetal y recubiertas con polisacáridos (hidrogel). Tras obtener resultados exitosos en los laboratorios de la Universidad Autónoma en Talca y pruebas en el Maule, el equipo se trasladará en septiembre a Paihuano para aplicar esta tecnología en la siembra de cuatro variedades locales: toronjil cordillera, cosechero cordillera, poroto vasa y blauhuide, para luego monitorear su rendimiento hasta la cosecha en abril.

Micropolis 1

El impacto de esta innovación apunta a generar una agricultura sostenible, resiliente a la crisis climática y capaz de mejorar la salud del suelo. Al respecto, la investigadora destacó la importancia estratégica de la iniciativa tanto a nivel hídrico como nutricional: “Proyectamos una reducción del 25 al 30% en el uso de agua, que muchas veces se pierde por evaporación, logrando plantas con mayor tolerancia a la sequía. Nos enfocamos en el poroto porque, además de ser un patrimonio cultural con más de 200 variedades locales, es una fuente altísima de proteínas vegetales que puede dar seguridad alimentaria a una población creciente, que en 2050 proyecta alcanzar los 10 mil millones de habitantes en el planeta”.

Al cierre de la actividad, María Inés Figari, presidenta de la Sociedad Agrícola del Norte —entidad con 108 años de existencia—, expresó su ilusión por recuperar la zona. “La actividad ha sido un aporte fundamental para miles de familias, pero ahora lo que vivimos es dramático. Abrimos un área social para apoyar con estanques de agua, mangueras de riego, fertilizantes y semillas, pero hoy ya estamos entregando alimentación porque la gente no tiene qué comer, ese es mi dolor. Por eso, con este proyecto se abre una esperanza”, confesó.

Micropolis 6

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