Según la última Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte, sólo el 26,4% de los niños, niñas y adolescentes chilenos entre 5 y 17 años cumple con la recomendación mínima de actividad física que sugiere la Organización Mundial de la Salud (OMS): al menos 60 minutos diarios de movimiento moderado o vigoroso.
En ese contexto, la construcción de parques, multicanchas y más infraestructura en los barrios parecería clave para enfrentar el sedentarismo. Sin embargo, pese a que la oferta de infraestructura para hacer deporte ha crecido de forma sostenida, los índices de actividad física en dicho grupo etario no han mejorado.
Al respecto, un estudio publicado en la revista científica Journal of Adolescent Health, del que es parte el investigador asociado de la Universidad Autónoma de Chile, Dr. Gerson Ferrari, entrega una pista incómoda sobre por qué la construcción de nuevos parque e infraestructura, por sí sola, no está funcionando: el factor inseguridad.
La investigación cruzó datos del acceso de niños y adolescentes a parques y recintos deportivos con los niveles de hostilidad de sus barrios —delincuencia, tráfico de drogas, calles mal iluminadas, sensación de inseguridad al caminar o al usar espacios deportivos— y encontró que la relación positiva entre la cercanía del parque y el nivel de ejercicio se debilita drásticamente o se vuelve insignificante, a medida que el barrio es más inseguro. Es decir: tener la infraestructura a 200 metros no se traduce en uso activo si la trayectoria o el lugar imponen barreras de percepción de riesgo.
Los hallazgos del estudio no cuestionan la utilidad de la infraestructura en sí —los datos muestran que sigue siendo relevante—, sino su capacidad de generar por sí sola un cambio de conducta.
«Nuestros resultados muestran que la disponibilidad de infraestructura recreativa, como parques y recintos deportivos, es un elemento importante para favorecer la actividad física en niños y adolescentes, pero su presencia por sí sola no garantiza que estos espacios sean utilizados”, explica el Dr. Gerson Ferrari, agregando que “aunque exista un parque cercano, si las personas no se sienten seguras para utilizarlo, la infraestructura pierde parte importante de su potencial para promover actividad física”.
Una fórmula de política pública que se queda corta
Los investigadores aseguran que los resultados son especialmente relevantes para Chile, porque muestran que las políticas de promoción de actividad física no pueden centrarse únicamente en construir más infraestructura deportiva o aumentar la disponibilidad de parques. “Aunque Chile ha avanzado en la creación de espacios públicos y deportivos, nuestro estudio evidencia que el contexto social y ambiental donde estos espacios están ubicados determina si realmente serán utilizados por la población”, destaca el Dr. Ferrari.
En la misma línea, el investigador recalca que “las intervenciones deben combinar mejoras del entorno construido con estrategias orientadas a aumentar la seguridad, fortalecer la cohesión comunitaria y promover el uso activo de los espacios públicos”.
Por último, el estudio enfatiza sobre la necesidad de un enfoque integrado de ciudad: “El desafío no es solamente acercar los parques y espacios deportivos a las comunidades, sino asegurar que estos lugares sean seguros, acogedores y utilizados regularmente por niños y adolescentes. En el contexto chileno, mejorar las condiciones sociales y ambientales de los barrios puede ser clave para que las inversiones en infraestructura tengan un impacto real en la salud pública”, concluye Gerson Ferrari.