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Eva Malhotra, artista plástica de trayectoria internacional, llegó a Chile por segunda vez con colores vibrantes en su obra y un discurso tan sensible como lúcido. Invitada por la Universidad Autónoma de Chile, su presencia en Casa Autónoma de Santiago y su reciente paso por Talca marcaron un reencuentro con el país desde la luz, el arte y el contacto humano.
Formada en el Instituto de Artes de California (CalArts), con estudios en Filosofía y Humanidades en UCLA, una licenciatura en Literatura y Lingüística en español, y un Juris Doctor de UCLA y UC Berkeley, Malhotra conjuga en su obra la rigurosidad conceptual y la expresividad sensorial.
Su trabajo ha sido exhibido en reconocidos espacios de arte en Estados Unidos y México, incluyendo el Museo de Arte Latinoamericano en California, el Museo de Bellas Artes de Ciudad de México, el CECUT de Baja California y el Armory Show de Nueva York, entre otros.
En su serie inspirada en la obra de Juan Rulfo —iniciada en 2017 en el centenario del nacimiento del escritor mexicano— Malhotra explora la plasticidad narrativa del autor de Pedro Páramo, estableciendo un paralelismo entre literatura y arte visual. “Los tiempos, los géneros, los espacios en Rulfo son variables, casi abstractos. Lo que él propone en la literatura, yo lo propongo en el arte”, reflexiona.
La obra fue inicialmente presentada con una ponencia académica respaldada por la UNAM, y desde entonces ha seguido creciendo y transformándose.
En su paso por Talca, la artista visitó las galerías locales y compartió con estudiantes de la Escuela de Artes de la Universidad Autónoma de Chile. “Me sorprendió la vitalidad de Talca, una ciudad pequeña pero con una riqueza cultural notable. Vi una efervescencia artística hermosa, y un compromiso genuino por parte de los estudiantes con el arte”, comentó tras participar en talleres de grabado, pintura y técnicas experimentales.
Pero quizás lo más singular de Eva Malhotra no es solo lo que dice, sino lo que propone con su obra: que el arte se toque. Literalmente. Sus piezas, con relieves gruesos y texturas pronunciadas, invitan a una experiencia sensorial integral.
“Cuando alguien toca mi obra, se establece una conexión más profunda. El tacto verifica lo que los ojos ven. Y si la pieza cambia por el contacto, para mí es una muestra de que fue amada. ¿Qué más puede desear una artista?”, afirma con convicción.
Este gesto, radical para muchos en el mundo del arte institucionalizado, es parte de su misión: eliminar las barreras entre el espectador y la obra. “El arte no se debe entender, se debe sentir. Como el canto de un ave, como dijo Picasso. No hay que explicarlo, hay que vivirlo”, expresa, rememorando su experiencia reciente en India, donde vio cómo el miedo de muchos a ingresar a una galería los alejaba de una vivencia estética.
Instalada por unos días en la capital del Maule, Eva Malhotra también se dio tiempo para conocer el entorno natural y cultural de la ciudad. Caminó por la ribera del río Claro, fotografió sus paisajes, y disfrutó de la gastronomía local, incluso en lugares tan pintorescos como “Las viejas cochinas”.
Hoy, su exposición sigue abierta al público en la Universidad Autónoma de Chile, donde invita no solo a mirar, sino a tocar y sentir. Su paso por Chile —esta vez en democracia, en diálogo con nuevas generaciones, con obras que provocan una experiencia profunda y dejan una huella imborrable. “En el 73 todo era gris. Hoy, para mí, Chile se llena de colores brillantes. Me voy con el corazón lleno de gratitud”, concluye emocionada.