La Antártida es mucho más que hielo y pingüinos; es también el hogar de seres diminutos que han sobrevivido a condiciones imposibles durante millones de años. Recientemente, un equipo de científicas de la Universidad Autónoma -integrado por Karla Leal, María José Contreras, Kattia Nuñez, Leticia Barrientos y los estudiantes del Doctorado de Ciencias Biomédicas, Juan Machuca y David Madariaga– puso sus ojos en uno de ellos: el hongo Pseudogymnoascus australis.
Este hongo posee un vasto potencial genómico para producir compuestos químicos únicos con aplicaciones biotecnológicas, pudiendo ser la base para crear antibióticos más potentes contra bacterias resistentes o incluso compuestos para limpiar la contaminación ambiental. Sin embargo, al sacar el hongo de su ambiente extremo y llevarlo a un laboratorio, su verdadero tesoro molecular quedaba “silenciado” u oculto.
El grupo de investigadores decidió aplicar técnicas de elicitación (estímulos específicos), obligándolos a revelar su verdadero potencial, que, para sorpresa de todos, implica la fabricación de compuestos químicos que no conocíamos. En resumen, las investigadoras no solo leyeron el ADN del hongo, sino que lograron que ese ADN «hablara”, lo que demuestra que la Antártida es una biblioteca gigante de soluciones biológicas que apenas estamos empezando a abrir.
El detalle de la investigación se puede encontrar en el paper “Exploración de vías metabólicas inactivas en Pseudogymnoascus australis antártico mediante elicitación: un enfoque genómico y metabolómico para investigar su potencial biotecnológico”, publicado en IMA Fungus, revista científica insignia de la Asociación Micológica Internacional (IMA), enfocada en todas las áreas de la micología (estudio de los hongos).
Sobre la investigación, la Dra. Karla Leal explica que “Estamos ante un cambio de paradigma en la forma de buscar nuevos antibióticos. Lo que hemos logrado con P. australis es como si hubiéramos encontrado una biblioteca con 44 libros en código secreto, pero la mayoría de ellos estaban cerrados. Al aplicar elicitores, ‘forzamos’ al hongo a abrirlos y mostrarnos qué historias puede contar: desde compuestos para adaptarse al estrés hasta lípidos con potencial en cosmética o nutrición, y moléculas inéditas con posible actividad antimicrobiana. Cada hongo antártico que descubrimos y describimos es una puerta que se abre a un universo químico desconocido”.
Sobre el siguiente paso en la investigación, Leal contó que “este primer paper sienta las bases para seguir estudiando otros hongos antárticos aún desconocidos y, además, abre la puerta a utilizar la genómica y la metabolómica para comprender el metabolismo de estos organismos a través de análisis complejos que integran la bioinformática y la inteligencia artificial”. En la misma línea, agregó que “esto nos puede llevar en el futuro no solo a descubrir nuevos compuestos químicos con potencial biotecnológico, sino también a obtener información clave sobre cómo evolucionan, cómo se comportan frente al calentamiento global y cómo se relacionan con otros organismos en uno de los ecosistemas más extremos del planeta”.