Cada año, un tercio de la producción mundial de alimentos se pierde o desperdicia por el deterioro poscosecha y eventos climáticos extremos. Para abordar esta crisis, la investigación agrícola moderna no solo busca aumentar rendimientos, sino comprender celular y genéticamente cómo los vegetales resisten el estrés. En este escenario, la ciudad de João Pessoa (Brasil) acogió del 7 al 9 de octubre el IV Congreso Brasileño de Procesamiento Mínimo y Poscosecha (CBPC), foro internacional de fisiología vegetal y biotecnología.
El certamen reunió a referentes globales como Celso Luiz Moretti (Embrapa), Ángel Pedro Jacomino (ESALQ-USP), Randolph Mark Beaudry (Universidad Estatal de Michigan) y Julien Pirrello (Toulouse). En este encuentro, las Dras. Ángela Méndez Yáñez y Tamara Méndez Castro, de la Universidad Autónoma de Chile, expusieron hallazgos que conectan la biología molecular con soluciones productivas concretas.
Superalimentos urbanos
Para responder a la vulnerabilidad climática de las hortalizas, la Dra. Ángela Méndez, investigadora del Instituto de Ciencias Aplicadas y líder del proyecto ANID FOVI250252, estudia los microgreens de rabanito (Raphanus sativus L.): brotes de pocos centímetros de altura y gran concentración de nutrientes. Junto al Instituto de Fisiología Vegetal de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), aplicó plant priming, técnica biotecnológica de estrés controlado para estimular defensas e incrementar componentes nutritivos del vegetal.
“Con relación al plant priming, buscamos incrementar el contenido nutricional a través de la modificación de las rutas metabólicas, aplicando dosis controladas de estrés abiótico. Ambos trabajos resultan de la colaboración con investigadores con quienes realicé una pasantía en junio”, explica la científica oriunda de Linares (41 años).
Esta innovación promueve un autocultivo urbano accesible: “Nos vinculamos directamente con los ODS 2 (hambre cero) y ODS 12 (producción y consumo responsables), adaptando una forma de cultivo donde cada persona podría producir sus propios microgreens en sus balcones o jardines. Reducimos el agua y generamos alimentos en solo 7 a 12 días; una estrategia que soluciona esta problemática a corto plazo”, destaca Méndez, añadiendo que los resultados muestran “una línea de investigación absolutamente consolidada en el plano internacional”.
Protección molecular de la papaya de montaña
Por su parte, la Dra. Tamara Méndez Castro, investigadora postdoctoral ANID, centra sus estudios en la papaya de montaña (Vasconcellea pubescens), fruto nativo muy sensible al almacenamiento refrigerado (chilling) y a las heladas. En Brasil expuso dos investigaciones orientadas a prevenir este deterioro celular, siendo seleccionadas dentro de un grupo de 42 trabajos destacados entre 581 postulaciones evaluadas por el comité científico.
Para proteger el fruto frente al frío, el equipo aplica salicilato; es decir, un compuesto que modula la respuesta genética del vegetal y estimula enzimas defensivas presentes en su propio látex, ofreciendo una alternativa económica para la agricultura. “Estamos aplicando una fitohormona tanto a la planta como al fruto, de grado cosmético para que sea accesible al agricultor. Si nuestra hipótesis se cumple y genera un efecto protector ante las heladas, sería maravilloso aportarle soluciones concretas a los productores regionales frente al cambio climático”, subraya la investigadora nacida en San Carlos.
Sobre su colaboración con la Dra. Ángela Méndez en el proyecto FOVI y el impacto de presentar estos hallazgos en el certamen, la académica concluye: “Esta oportunidad nos permite mostrar a otros investigadores de América la ciencia que realizamos en Chile y, principalmente, en la ciudad de Talca”.