Para más de 64 millones de personas en el mundo —y cerca del 3% de la población en Chile— el corazón está fallando. Sin embargo, gran parte de estos diagnósticos esconde una paradoja biomecánica: la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (HFpEF). En esta variante patológica, el miocardio —el tejido muscular del órgano— conserva su fuerza de contracción intacta, pero desarrolla una rigidez tan severa que le impide relajarse y dilatarse para recibir sangre de manera normal. Es decir, aún late con vigor, pero ha perdido la elasticidad vital para sostener al organismo.
“La principal brecha que tenemos es que se desconoce la fisiopatología exacta de esta afección y, por lo tanto, no hay un tratamiento farmacológico adecuado para curar esta enfermedad; a lo más, se pueden hacer cuidados paliativos para evitar descompensaciones y hospitalizaciones”, advierte la Dra. Claudia Lucero, investigadora del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Autónoma de Chile.
¿El enemigo en casa?
El persistente fracaso terapéutico frente a la HFpEF inspiró a la académica a desarrollar un proyecto Fondecyt Postdoctoral ANID (2026-2029) bajo una hipótesis pionera: el daño progresivo del órgano podría ser impulsado por una inflamación crónica desencadenada por el propio sistema inmunológico. El estudio pone la lupa sobre las células dendríticas. En condiciones saludables, estas residen en el tejido cardíaco de forma basal, preservando la tolerancia inmunológica y regulando la respuesta defensiva frente a daños o infecciones. No obstante, la hipótesis postula que, ante factores de estrés crónico como la hipertensión prolongada, estas células pierden su reposo y adoptan un perfil proinflamatorio, convirtiéndose en agentes capaces de inducir a otros componentes del sistema inmune a dañar estructuralmente el tejido cardíaco.
“Todavía no sabemos si ayudan a progresar el daño o es una respuesta al daño. Si las células dendríticas llegasen a provocar o participar podemos buscar inmunomoduladores para hacer que no estén en su perfil proinflamatorio, y por lo tanto, retardar el desarrollo de la enfermedad”, sostiene la bioquímica de 42 años.
Camino experimental
Para abordar este desafío, el proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Control Cardiorrespiratorio del Centro de Investigación Biomédica de la Universidad Autónoma de Chile, articulando redes de colaboración con expertos y centros especializados en fisiología cardiovascular. Este modelo colaborativo integra infraestructura avanzada y enfoques multidisciplinarios para potenciar el rigor metodológico.
El trabajo experimental pondrá a prueba la HFpEF inducida por hipertensión crónica (modelo DOCA-sal) en roedores. Para validar la hipótesis, la investigación contempla tres fases críticas. Primero, la Dra. Lucero analizará si la proliferación de estas células con capacidad inflamatoria correlaciona temporalmente con el deterioro funcional del corazón. Segundo, mediante depleción farmacológica selectiva, evaluará si la eliminación de estas poblaciones celulares frena el daño tisular y recupera la salud cardíaca. Por último, implementará ensayos de transferencia adoptiva para determinar si la introducción de estas células en animales sanos es suficiente para desencadenar el fenotipo patológico.
Un impacto más allá del corazón
El alcance de este trabajo trasciende las fronteras de la cardiología clásica. Dado que la HFpEF está intrínsecamente ligada a la inflamación sistémica de bajo grado, los hallazgos podrían inaugurar vías terapéuticas completamente nuevas. Como concluye la Dra. Lucero sobre el potencial de modular estas respuestas inmunes: «Vamos a poder retardar el desarrollo de la enfermedad, y no solo a nivel cardíaco. Existen muchas otras patologías impulsadas por este mismo perfil lesivo de bajo grado —como la hipertensión, la diabetes o el daño hepático— donde este enfoque también podría ayudar a mitigar el daño sistémico».