En las últimas dos décadas, el consumo de cerveza en Chile se disparó un 81%, abriendo paso a un ecosistema de más de 350 marcas artesanales que hoy intentan competir ante gigantes que dominan más del 95% del mercado. Este abismo es igual de profundo en el mundo del vino, donde tres grandes holdings concentran el 80% de las ventas locales, dejando a los vitivinicultores independientes con una participación inferior al 1% de la producción nacional.

En esta lucha desigual de etiquetas y sabores, la Dra. Isabel Aguilera -investigadora y académica del Doctorado de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chile- encontró una paradoja de consumo para estudiar a través de un Fondecyt Regular de cuatro años. “Tanto en el mundo de la cerveza artesanal como en el mundo del vino independiente se promueven valores alternativos o distintos a los de la gran industria. La idea de ‘alternativo’ busca ser un guiño a los distintos tipos de valor que se juegan en esta escena; es decir, valores que no son simplemente valor monetario”, señala la doctora en Antropología.

Prácticas de valor alternativo

Tras la obtención de los fondos de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), el proyecto se ancla en la teoría de las prácticas sociales, alejándose de los tradicionales análisis que ven el consumo solo como una forma de proyectar estatus o identidad.

“Los consumidores de cerveza artesanal y el vino independiente serían personas que tienen competencias de apropiación y de apreciación específicas, por ejemplo, un buen paladar formado para poder apreciar la diferencia. Nos interesan las prácticas de consumo como una acción que tiene una parte desconocida para uno mismo, que es solo rutina o un hacer cotidiano”, sostiene la académica de 45 años.

Para lograr esta radiografía, la Dra. Aguilera —junto a las doctoras Antonieta Tavera y Daniela Gac (U. de Chile) y Amalia Castro (U. Mayor)— aplicará una metodología de seguimiento que abarca desde la producción en la planta o viña hasta que el producto llega a la mesa. El muestreo contempla entre 3 y 5 marcas por bebida alcohólica, seleccionadas bajo criterios de antigüedad y distribución, e incluirá una cuota de género para analizar emprendimientos liderados por mujeres.

Durante los dos primeros años, el estudio considera un despliegue en terreno en las regiones Metropolitana y de Los Ríos para el caso de la cerveza, y en los valles del Maule y Colchagua para el vino, donde se priorizarán cepas patrimoniales como Cariñán y País. Esta labor combina la observación directa de «grupos naturales» en bares y espacios de cata con entrevistas en profundidad a actores clave de toda la cadena: desde enólogos y maestros cerveceros hasta operarios, sommeliers y críticos especializados, documentando así cada etapa de la creación de valor.

El consumo como espejo de lo humano

Más que buscar un modelo comercial para aumentar ventas, el impacto del proyecto radica en generar conocimiento sobre la naturaleza humana y comprender por qué la sociedad actual busca la artesanía. “Mi expectativa es poner en relación estas necesidades íntimas de los humanos —necesidad de estar en contacto con lo natural, de sentir que uno tiene una historia, que algo es real— con prácticas cotidianas que muchas veces son banalizadas, y que nos pueden ayudar a comprender qué queremos los humanos”, detalla la investigadora nacida en Concepción.

Para la Dra. Isabel Aguilera, el financiamiento de ANID garantiza la objetividad frente a una industria dominada por grandes empresas, impactando directamente en las aulas. “Me resulta mucho más independiente que lo financie el Estado a presentárselo a la gran industria. Además, hacer investigación en terreno nos fortalece como profesoras y permite traspasar al estudiante un amor por el conocimiento distinto. Espero que esta política pública se mantenga”, concluye.

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