Más de 735 milímetros de agua en promedio han caído este 2026 en la Región del Maule, según reportó en agosto la Delegación Presidencial. Este superávit local de precipitaciones es solo un alivio parcial a la mega sequía que arrastra el país por más de 15 años, la cual mantiene en constante riesgo la seguridad alimentaria y la supervivencia de cultivos tradicionales como el poroto (Phaseolus vulgaris).

“La escasez hídrica se ha extendido y va a seguir un par de años más. Entonces, la idea es buscar estrategias para que el poroto sea más sostenible en el tiempo. No hay leguminosa más importante en el mundo y vamos a fortalecerla respecto a los diferentes estreses”, afirma la Dra. Valentina Vallejos, investigadora postdoctoral de la Universidad Autónoma de Chile.

Enfoque integrativo: Fisiología, anatomía y rizosfera

Para resolver esta problemática, la Dra. Vallejos encabeza un proyecto Fondecyt Postdoctoral de ANID (2026-2029) que investiga cómo alterar la dotación genética del poroto chileno ‘Zorzal’ para incrementar su tolerancia a la escasez hídrica. Específicamente, el estudio se centra en la poliploidía, un fenómeno donde las células multiplican sus juegos completos de cromosomas: pasando de la condición habitual de dos juegos (2n) a una tetraploide con cuatro (4n). Para lograr este cambio en el laboratorio, la científica recurre a la colchicina, un compuesto químico que interrumpe la división celular y fuerza dicha duplicación.

“Es un enfoque multiescalar. La fisiología aborda cómo responde a nivel de fotosíntesis, de la movilidad del agua y a nivel bioquímico. La parte anatómica es toda la estructura que le permite a la planta sostenerse. Y la parte del microbioma, básicamente, es cómo este cambio de los cromosomas podría estar reclutando bacterias u organismos diferentes a los de una planta tradicional. Entonces, hay un cambio a nivel estructural, de fisiología y de cómo se comporta a nivel de rizosfera”, detalla la Dra. Vallejos, ingeniera en Biotecnología Vegetal.

En los invernaderos del Centro de Investigación e Innovación en Huechuraba, el proyecto contempla un riguroso muestreo de 60 plantas anuales cultivadas en suelos agrícolas del Maule. Allí, la científica evaluará la plasticidad de ambas líneas genéticas frente a tres escenarios hídricos: un grupo control con riego óptimo (80% de capacidad de campo), un grupo expuesto a sequía permanente (40%) y un tercer conjunto sometido a ciclos alternados de estrés y rehidratación. Para medir con precisión la retención de agua y la respuesta fotosintética, el estudio se apoyará en tecnología especializada como analizadores de gases infrarrojos (IRGA) y cámaras de Scholander.

De la hoja a la raíz

“La parte fisiológica es muy de hoja, de cómo la planta conduce el agua desde la raíz por el tallo hasta liberarla en la hoja. Pero luego, la dinámica del microbioma es el otro componente interesante: qué está haciendo la raíz y qué señales da para reclutar microorganismos diferentes a los de una planta tradicional. Por eso, evaluando lo que pasa en la hoja, puedo comprender en paralelo lo que ocurre a nivel de raíz”, explica la Dra. Vallejos sobre este monitoreo integrativo.

Con la expectativa de comprobar que la duplicación cromosómica confiere una ventaja adaptativa real frente a la sequía, esta investigación cuenta con un financiamiento ANID de 13 millones de pesos, el patrocinio de la Dra. Kattia Núñez —directora de Doctorados de la U. Autónoma— y se consolida como una extensión directa de la línea de trabajo del proyecto Anillo ATE 23007 sobre sustentabilidad alimentaria.

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