En Chile, hasta un 70% de los niños hospitalizados por infecciones respiratorias agudas presentan coinfección viral. En edades tempranas, esa detección simultánea de dos o más virus en una misma muestra se vincula al desarrollo de asma y a una respuesta inmune alterada.
Estudios internacionales han mostrado que durante los peaks de polen también aumentan los casos de infecciones respiratorias, incluido el SARS-CoV-2 (Covid-19). Esto sugiere que el polen podría debilitar las defensas de las vías respiratorias y facilitar la entrada de virus.
Con ese antecedente, la doctora Loreto Fuenzalida, investigadora del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Autónoma de Chile, lidera un estudio que busca entender los vínculos entre la vegetación urbana de la Región Metropolitana y la salud respiratoria de niños menores de 6 años.
“Queremos generar certezas sobre la circulación del polen y conocer qué árboles hay en la ciudad. Si confirmamos esta relación, podríamos repensar la planificación urbana, diseñar áreas verdes que también cuiden la salud pública y estar preparados para una siguiente pandemia”, explica la investigadora de 46 años.
Santiago bajo la lupa
Financiado por ANID con un total de 250 millones de pesos mediante un Fondecyt Regular 2025–2028, el proyecto tomará 800 muestras nasales (diferenciando entre niños sanos y niños con infecciones respiratorias) en la Clínica Indisa, zona oriente de Santiago con más vegetación y humedad, y RedSalud Alameda, sector poniente con menos áreas verdes y aire más seco.
En paralelo, se capturará polen ambiental en ambas zonas, identificando su tipo, origen (nativo o exótico) y concentración semanal. Mediante análisis satelital de áreas verdes con las plataformas ArcGIS y QGIS, buscarán correlacionar los peaks de polen con las tasas de coinfección viral infantil.
“Queremos saber de qué árboles proviene el polen que circula y cómo se relaciona con los casos clínicos. Es la primera vez que se integran biología molecular, inmunología, aerobiología y sistemas de información geográfica en un mismo estudio”, destaca la Dra. Fuenzalida.
Del aire al laboratorio
La indagatoria contempla un estudio in vitro con cultivos de epitelio nasal de niños sanos, es decir, pruebas en laboratorio con células de la nariz expuestas al polen y, posteriormente, a distintos virus respiratorios.
“Podremos ver cómo cambia la respuesta inmune celular al contacto con el polen. Si la célula reduce su producción de interferones, eso permitiría que más virus ingresen al mismo tiempo”, explica la ingeniera oriunda de Maipú.
El equipo lo integran la doctora Daniela Toro, viróloga de la Universidad de Chile, el doctor Pedro Mardones, inmunólogo y director de la Fundación de Aerobiología, Medio Ambiente y Salud, y el biólogo Francisco Zorondo, de la Universidad de Santiago, responsable del análisis satelital.
“Si comprobamos que ciertos árboles producen pólenes asociados a coinfecciones virales, podríamos orientar la forestación hacia especies menos alergénicas. No se trata de eliminar vegetación, sino de planificarla de forma informada”, comenta Fuenzalida, quien en 2013 ingresó a la U. Autónoma y actualmente es académica en biología celular e histología en las carreras de Fonoaudiología y Nutrición.