La historia del arte en Chile custodia un tesoro de magnitud global cuya presencia se gestó tras el devastador terremoto de 1647. La reconstrucción de Santiago impulsó, décadas después, la llegada de obras desde los talleres peruanos del Cusco para decorar los nuevos interiores eclesiásticos. Entre ellos destaca el ciclo de 37 lienzos de la Vida de San Diego de Alcalá (1705-1715), originalmente albergado en la iglesia Franciscana de la Cañada –hoy la Casa Central de la Universidad de Chile–, y que actualmente es la joya del Museo Colonial de San Francisco.

San Diego fue un fraile español del siglo XV y el único santo cuya labor misionera en las Islas Canarias sirvió como modelo para la posterior evangelización de América. Así las pinturas permitieron a los habitantes del Chile colonial conocer e imaginar el archipiélago canario. “El paso que se produce en 1440, es una previa, un antecedente de lo que será la evangelización americana, es como si hubiera ensayado en Canarias lo que luego llevó a América”, explica Antonio Marrero, doctor en Historia del Arte.

Con el objetivo de desentrañar esta red de significados, el investigador de la Universidad Autónoma de Chile desarrolla un proyecto Fondecyt de Iniciación sobre las visiones de las Islas Canarias en las representaciones del santo entre 1605-1795, especialmente analizando cómo siete lienzos –que relatan su estancia en el archipiélago (1441-1449)– ayudaron a construir una realidad alterna de las islas en la mente del espectador colonial.

Arte de retorno y la «Canarias imaginada»

Para el Dr. Marrero, el elemento central de este análisis es que los lienzos fueron ejecutados por pinceles cusqueños que jamás visitaron el archipiélago. Esto dio paso a una construcción visual basada en grabados europeos y elementos propios del mundo andino. “El lienzo genera un ideario colectivo de lo que es Canarias para el chileno, pero en el fondo es una fantasía. Se representa como una única isla, cuando son ocho que pasan del desierto al bosque. Se mezclan elementos para generar una idea en una población que no puede ir, pero tiene posesiones allí”, precisa.

Este fenómeno se inserta en lo que el investigador define como «arte de retorno», un concepto acuñado para explicar la retroalimentación constante entre ambos lados del Atlántico. “No es desde una perspectiva colonialista de Europa hacia América, sino de América hacia Europa también, con Canarias como lugar de paso obligatorio, que se está y que se habita”, dice Marrero, de 42 años y nacido en Tacoronte, un municipio histórico del archipiélago.

Catalogación de obras y análisis iconográfico

La metodología del proyecto combina una fase teórica de archivos con una empírica que convierte a grandes museos en laboratorios de campo. El investigador realizará una catalogación y registro fotográfico detallado de las obras en el Museo Colonial de San Francisco, trabajo que extenderá a las colecciones de instituciones como el Museo del Prado (España), el MALI (Perú) y el Franz Mayer (México).

Bajo un enfoque holístico, el estudio analiza la estética de los cuadros y cruza la historia del arte con la conservación y el contexto social. “A través del estudio iconográfico e iconológico de la imagen hagiográfica (referida a la vida de los santos), buscamos romper con esa perspectiva colonialista tradicional. Se trata de entender cómo estas iconografías funcionaron como una herramienta para construir una identidad entre España, Canarias y América”, señala Marrero.

Con un financiamiento de 73 millones de pesos de la ANID, el proyecto cuenta con el Museo Colonial de San Francisco como socio clave y proyecta finalizar su estudio en 2027 con un congreso internacional. “El sistema de financiación en Chile es ejemplar, permite internacionalizar nuestras carreras y generar ciencia de alto nivel, lo que es una verdadera joya”, concluye.

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