Cerca de mil millones de personas en todo el mundo padecen apnea obstructiva del sueño, una enfermedad muy común que la gran mayoría no sabe que tiene. Este problema hace que su cuerpo deje de recibir oxígeno por breves momentos mientras duerme. Con el tiempo, esta falta de aire repetida pone al organismo en alerta constante, descontrola la respiración y provoca una presión arterial tan alta que cuesta demasiado bajarla con medicamentos habituales. A nivel global, este síndrome se ha posicionado como la principal causa de hipertensión, al alterar gravemente el sistema autonómico, responsable de controlar de forma invisible funciones vitales como los latidos del corazón.

​»La gente se asusta más por el Alzheimer que por la hipertensión, pero esta última igual produce daño cognitivo. Para que funcione el cerebro y temas tan geniales como la memoria o el pensar, necesitas que tu sistema autonómico esté sano. El problema es que actualmente no existe una ventana de tiempo terapéutica clara para intervenir sobre nuevos blancos terapéuticos (estructuras o células biológicas donde actúa un fármaco)”, explica el Dr. Esteban Díaz, investigador del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Autónoma de Chile.

Cuando el cerebro se ahoga

Para hacer frente a esta problemática desde su origen neurofisiológico, el académico lidera un proyecto Fondecyt de Postdoctorado 2026-2029 enfocado en el tronco encefálico. La investigación, enfocada en los primeros 14 días de esta condición, busca dilucidar el verdadero mecanismo detonante de las alteraciones cardiorrespiratorias en un grupo específico de células gliales —los astrocitos del núcleo del tracto solitario (NTS)— durante las fases tempranas de la hipoxia crónica intermitente.

“Al existir un exceso de glutamato extracelular, los astrocitos pierden la capacidad de recaptarlo, lo que genera estrés oxidativo a través de la activación de diversos receptores. Esto provoca que el astrocito deje de cumplir su función fisiológica: por un lado, se incrementa el estrés oxidativo astrocitario y, por otro, se sobre activan las neuronas del NTS”, precisa el bioquímico de 34 años.

Ciencia de precisión

Para evaluar este remodelamiento celular temprano, el diseño experimental utiliza una muestra de 140 ratones machos (más 21 de margen de error, aislando variables hormonales) e integra abordajes moleculares, genéticos y de imagenología avanzada. La metodología cuantifica el glutamato extracelular y el estrés oxidativo mediante microdiálisis in vivo (HPLC) y técnicas de expresión celular (RT-qPCR e inmunofluorescencia). Posteriormente, se demostrará la causalidad del mecanismo aplicando vectores adenovirales (AAV) que modulan transportadores, inhibición quimiogenética (DREADDs) sobre astrocitos y microscopía confocal con biosensores fluorescentes.

“Mi expectativa es, en primer lugar, tener claro qué es lo que pasa a nivel molecular en los primeros estados para poder tener una claridad de cuáles son los fármacos, y que en una segunda etapa, ya sea en un Fondecyt de Iniciación o un Regular, podamos atacar directamente la vía con la utilización de diferentes fármacos”, señala el Dr. Díaz, oriundo de Castro.

Estos hallazgos sentarían las bases para, a futuro, emplear o reformular medicamentos existentes —como la riluzolina o los inhibidores de SGLT2— enfocados en modular el estrés oxidativo y el exceso de glutamato en terapias combinadas. La investigación cuenta con el patrocinio del Dr. Rodrigo Iturriaga y está respaldada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), entidad que otorgó un financiamiento de 27 millones de pesos por un periodo de tres años.

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