El gasto en calefacción durante el invierno es uno de los dolores de cabeza más recurrentes para las familias, especialmente en el sur de Chile. Y pese a que las viviendas nuevas incorporan exigencias de aislación térmica, un reciente estudio liderado por investigadores nacionales demostró que el verdadero problema de la pérdida de calor está en la falta de hermeticidad de la edificación.
Los resultados se publicaron en el paper titulado Hermeticidad y su impacto en la demanda de calefacción en edificios residenciales nuevos: un estudio experimental en un clima frío del sur de Chile, liderado por el Dr. Carlos Rojas Herrera y del que también es parte Joaquín Oporto, académico de la Facultad de Arquitectura, Construcción y Medio Ambiente de la Universidad Autónoma de Chile.
De acuerdo con la investigación, el aire caliente se fuga de forma continua por imperfecciones en el sellado de ventanas, uniones de muros y techumbres. Esta filtración ininterrumpida obliga a los residentes a mantener las estufas encendidas a máxima capacidad para mantener una temperatura confortable, disparando el consumo de energía y de leña en los meses más fríos.
El estudio centró sus mediciones principalmente en la Región de La Araucanía, con foco representativo en la ciudad de Temuco. Frente a la consulta de si se pueden extrapolar los resultados al resto de Chile, el investigador explica que “los resultados no pueden extrapolarse directamente a todo Chile, ya que existen diferencias entre zonas climáticas, sistemas constructivos y condiciones de ejecución”.
En la misma línea, aclara que “en otras regiones, como la Metropolitana, sería necesario realizar mediciones específicas para conocer los niveles reales de hermeticidad y su impacto energético”.
Fugas invisibles: el enemigo del bolsillo y la temperatura
Cuando una casa no es hermética, la diferencia entre la temperatura interior y exterior genera un «efecto chimenea»: el calor sube y se fuga por la parte alta del techo, succionando aire helado por las rendijas inferiores.
El estudio constató que esta corriente ininterrumpida de aire obliga a las familias a consumir una cantidad desproporcionada de combustible —principalmente leña o electricidad— para intentar compensar la temperatura que se pierde a cada minuto. “En zonas frías, como Temuco, una mayor infiltración afecta principalmente la demanda de calefacción. En nuestro estudio, la infiltración aumentó la demanda de calefacción entre un 7% y un 23%”, explica Oporto.
Los autores explican que existe una brecha entre el diseño normativo y la realidad constructiva: “La principal brecha está entre lo que se proyecta, lo que finalmente se ejecuta y el desempeño real de la vivienda. Un proyecto puede especificar correctamente las partidas para alcanzar una determinada hermeticidad, pero eso no garantiza que se alcance en obra, porque pequeñas discontinuidades en sellos, encuentros entre elementos o pasos de instalaciones pueden transformarse en vías de infiltración”, cuenta el académico de la U. Autónoma.
En ese sentido, entre las principales recomendaciones de la investigación destacan la inclusión obligatoria de barreras de aire continuas en los planos, el sellado técnico en el perímetro de las ventanas y la aplicación de pruebas de presión (Blower Door Test) antes de entregar las viviendas.
“Una vez definida la solución constructiva, alcanzar el desempeño esperado depende en gran medida de que esta sea correctamente ejecutada y supervisada en terreno”, asegura el investigador, agregando que “Mejorar el control de ejecución no significa necesariamente utilizar materiales más costosos, sino asegurar que lo proyectado se construya correctamente y que su desempeño pueda verificarse antes de entregar la vivienda”.
“La recomendación final apunta a entender estas exigencias como una inversión en la calidad de la vivienda: una envolvente bien diseñada, ejecutada y verificada mejora las condiciones de confort y habitabilidad de las familias y, al mismo tiempo, puede reducir la energía necesaria para mantener condiciones térmicas adecuadas durante su operación”, concluye Joaquín Oporto.