El suicidio en jóvenes universitarios es una preocupación creciente en la salud pública. Según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es la tercera causa de defunción entre las personas de 15 a 29 años a nivel mundial. En Chile el panorama es similar, con tasas que han encendido las alarmas en las instituciones de educación superior, obligando a diseñar mejores estrategias de prevención.
En ese contexto, una investigación de la Universidad Autónoma de Chile, titulada Body Composition, Emotional Dysregulation and Suicide Risk in College Students, publicada en la revista Psychiatry International, levanta otra alerta preocupante. Son las estudiantes mujeres quienes resultan especialmente vulnerables, ya que presentan un riesgo suicida tres veces mayor en comparación con sus pares hombres.
La autora principal de este trabajo es Natalia Covili, estudiante de último año de la carrera de Pedagogía en Educación Física, quien contó con la supervisión del Dr. Gerardo Fuentes y la colaboración de académicos del Grupo de Investigación Colaborativa para el Desarrollo Escolar (GICDE). Además, el estudio se desarrolló en el marco del Programa de Iniciación Científica 2025, de la Dirección de Investigación de nuestra casa de estudios, que busca integrar a estudiantes de pregrado en investigación activa, fomentando el pensamiento crítico y la vinculación con el medio académico.
“Este es mi primer paper, por lo que me siento feliz y agradecida de haber podido llevar a cabo este trabajo. El apoyo del programa fue fundamental para realizar esta investigación, ya que contamos con acompañamiento académico y orientación durante todo el proceso”, recalcó la estudiante.
Los hallazgos
El estudio, que se realizó entre 174 estudiantes universitarios de la sede Temuco de la Universidad Autónoma, buscaba comprobar si una mejor salud muscular y metabólica podría actuar como un factor protector ante el riego de suicidio. En ese contexto, los resultados demostraron que la desregulación emocional -entendida como la incapacidad para gestionar, modular o controlar las respuestas emocionales ante situaciones estresantes – es el factor más robusto y consistente asociado al riesgo de suicidio en la población universitaria, por sobre la composición corporal (como la masa muscular o la grasa).
En ese sentido, según el estudio, son las mujeres quienes reportan mayores dificultades para gestionar sus emociones, lo que se traduce en un riesgo significativamente más alto. Sin embargo, esto no significa que los hombres estén a salvo (ellos presentan mayor consumo de alcohol y sedentarismo), sino que el perfil de riesgo es diferente y requiere estrategias distintas.
Si bien los investigadores explican que se trata de un estudio piloto y exploratorio, que limita la posibilidad de generalizar los hallazgos a toda la población universitaria chilena o latinoamericana, sí enfatizan que es una oportunidad para repensar las estrategias de prevención en las universidades, teniendo en cuenta enfoques diferenciado por género.
“Tradicionalmente, las intervenciones en salud mental han abordado dimensiones psicológicas y sociales de manera separada, pero nuestros hallazgos sugieren que es necesario adoptar una mirada más integral, que considere también factores corporales y fisiológicos en la comprensión del bienestar emocional y el riesgo suicida”, explica el Dr. Gerardo Fuentes, quien además agrega que esperan poder ampliar este estudio a nivel nacional, “idealmente con una muestra representativa de estudiantes de distintas regiones, universidades y contextos socioeconómicos. Contar con conclusiones a escala país no solo permitiría validar y robustecer los hallazgos iniciales, sino también identificar particularidades locales que enriquezcan el diagnóstico”.