Con un incremento del 198% en apenas 14 años, el volumen de nuevos doctores se ha disparado en Chile, pasando de 394 graduados en 2010 a 1.177 en 2024 (cifras del Ministerio de Educación). Pese a este acelerado avance, en la práctica este segmento apenas representa el 0,17% de la población nacional, posicionando al país en el último lugar de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en capital humano avanzado.
«En Chile todavía hay espacio y márgenes para el crecimiento de la formación doctoral, porque aún es un porcentaje muy diminuto. Sin embargo, aunque hay estudios sobre los programas, nunca se ha escuchado a los estudiantes sobre los doctorados y este proyecto va a llenar ese vacío. Me interesa conocer a esas personas que hace 20 o 30 años no harían un doctorado porque no pertenecen a una élite académica. Es importante darles voz a sus subjetividades, a la forma cómo vivencian esta experiencia, a sus miedos y al rediseño de roles de género en sus vidas cotidianas», explica la Dra. María Luisa da Rocha, profesora titular e investigadora de la Universidad Autónoma de Chile, sobre el escenario local y la necesidad de indagar en un nuevo Fondecyt Regular 2026-2029 respecto a las trayectorias de estos nuevos públicos que hoy ingresan al sistema.
Los cinco factores determinantes
Esta apuesta por rescatar los relatos de vida no es fortuita. Para la Dra. da Rocha, la rápida expansión del sistema ha traído consigo exigencias que impactan directamente en la salud mental y la identidad de los investigadores en formación. En concreto, el estudio identifica cinco factores determinantes en esta complejización: el aumento exponencial de interesados, la rigurosidad de las acreditaciones, la proliferación de nuevos programas, la variabilidad en los formatos académicos y la rigidez en los plazos de egreso.
“Hay mucha presión de productividad por los plazos. También incertidumbres y angustias a lo largo de esta trayectoria académica, junto con problemas de estrés y de deserción, esencialmente en mujeres”, señala la docente nacida en Porto, Portugal. Para comprender a fondo este fenómeno, el proyecto —que lidera junto a sus coinvestigadores Cristóbal Villalobos (Pontificia Universidad Católica) y Roxana Chiappa (U. de Tarapacá)— se dividirá en dos fases: primero, un análisis estadístico diacrónico de la oferta desde el año 2000, el cual abordará un universo de 367 programas en 42 universidades; y segundo, un estudio cualitativo en cuatro programas doctorales donde se emplearán entrevistas y photo elicitation, entregando cámaras fotográficas a los estudiantes para registrar su vida cotidiana.
Pionero en conocimiento doctoral
Este estudio busca sentar un precedente al levantar evidencia sobre las nuevas identidades académicas en Chile y proporcionar conocimiento situado que permita a las instituciones —como el Ministerio de Ciencia y la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID)— modernizar sus políticas públicas de acompañamiento. «Es importante conocer mejor a los estudiantes y adaptar las estrategias a sus realidades. Muchas veces se cree que un alumno de doctorado aún pertenece a esa élite de los años 70, pero ahora ya no es así. Son realidades muy diversas y es importante considerarlas”, reflexiona la socióloga de 41 años.
La Dra. María Luisa da Rocha ingresó a la Universidad Autónoma de Chile en 2013 a través de un programa de atracción de investigadores extranjeros y actualmente es docente de psicología y del claustro del Doctorado en Ciencias Sociales. Al adjudicarse por cuarta ocasión un fondo ANID, valora el soporte que el país entrega a la ciencia: “Son apoyos gubernamentales muy importantes y agradezco por confiar en el aporte al conocimiento en Chile”.