Victoria Sotomayor, docente de Kinesiología de la Universidad Autónoma de Chile, define su trabajo en torno a la simulación clínica como una forma de generar nuevas experiencias de aprendizaje para los estudiantes. “Mi foco está en generar experiencias que permitan a los estudiantes integrar conocimientos, razonamiento clínico, comunicación, habilidades relacionales y toma de decisiones éticas antes de enfrentarse a situaciones reales”, explica.
La académica destaca especialmente el trabajo con pacientes simulados y personas mayores, junto con metodologías como juego de roles, habilidades clínicas en equipos, escenarios de alta fidelidad y actividades formativas previas a los ECOE. “Formar profesionales de la salud es mucho más que enseñar una técnica, es saber atender y acompañar a una persona”, plantea. Por ello, los estudiantes también deben aprender a comunicarse, reconocer sus límites profesionales, respetar la autonomía y confidencialidad y tomar decisiones seguras frente a situaciones complejas.
Este enfoque también ha incorporado herramientas para observar y medir de manera más sistemática el desempeño. “Para mí ha sido muy importante que la innovación no quede solamente en la percepción de que una actividad ‘funcionó bien’”, explica Victoria. El trabajo considera pautas de cotejo, escalas de observación e instrumentos validados, como el Communication Assessment Tool (CAT), que permiten identificar habilidades y aspectos específicos que requieren fortalecimiento.
La información obtenida también permite revisar la propia práctica docente. “Los datos no deberían utilizarse solamente para evaluar al estudiante, sino también para mejorar la manera en que nosotros enseñamos”, sostiene. En esta línea, además de analizar el desempeño de los estudiantes, la académica trabaja en la evaluación de los debriefing y profundiza estas materias desde su formación doctoral en Psicología, buscando fortalecer el vínculo entre docencia e investigación.
“Creo que nos obliga a cambiar la pregunta desde ‘¿qué contenidos enseñamos?’ hacia ‘¿qué es capaz de hacer el estudiante con lo que aprendió y cómo toma decisiones frente a situaciones reales?’”, reflexiona. Desde esa perspectiva, agrega que “formar un profesional de la salud no puede limitarse al dominio técnico”, sino que requiere integrar habilidades clínicas, comunicación, ética, colaboración interprofesional y capacidad de reflexión.