La educación socioemocional se ha transformado en una exigencia prioritaria para los establecimientos educacionales de todo el país. Tras el retorno a la presencialidad post-pandemia y el aumento de los índices de violencia escolar, las comunidades educativas han debido volcar sus esfuerzos hacia el bienestar psicosocial. Sin embargo, ¿cuentan los profesores con las herramientas necesarias para responder a este desafío?
Un reciente estudio del que es parte Carlos Arriagada-Hernández, académico de la Universidad Autónoma de Chile, y publicado en la revista científica Behavioral Sciences, aporta datos clave para responder a esa interrogante.
La investigación examinó de manera retrospectiva cómo perciben los profesores chilenos en ejercicio las competencias en educación emocional adquiridas durante su Formación Inicial Docente (FID). Específicamente, a través de un Análisis de Perfiles Latentes (LPA), los autores identificaron que coexisten seis perfiles marcadamente distintos en cuanto a su nivel de preparación.
“Como investigadores creemos que es fundamental estudiar la realidad de la profesión docente, marcada hoy por el agotamiento y por la constante exigencia emocional que implica el trabajo en el aula”, explica Carlos Arriagada, agregando que “nuestra investigación puede entenderse como un primer paso para futuros estudios que profundicen en el desarrollo de competencias en educación emocional en el profesorado”.
El estudio midió cuatro dimensiones fundamentales de la formación emocional (Regulación Emocional, Estado de Ánimo, Bienestar Psicosocial e Identidad Profesional), revelando los siguientes perfiles:
Perfil Muy Alto: Grupo de docentes que perciben haber recibido una preparación sólida y homogénea en las cuatro dimensiones evaluadas, mostrando alta confianza para gestionar emociones propias y de sus estudiantes.
Perfil Alto: Profesores con una percepción positiva por encima del promedio, aunque con niveles menos acentuados que el grupo anterior.
Perfil Medio-Alto: Docentes que perciben niveles adecuados en competencias de identidad profesional y regulación, pero reflejan ciertas fluctuaciones en la gestión del bienestar psicosocial y del estado de ánimo.
Perfil Medio-Bajo: Un segmento de profesores que reconoce tener nociones teóricas generales sobre las emociones, pero declara vacíos puntuales para enfrentar la carga del estrés diario y el clima del aula.
Perfil Bajo: Educadores que evalúan negativamente su paso por la universidad en materia socioemocional, señalando que la formación recibida fue abstracta y poco aplicable al entorno escolar real.
Perfil Muy Bajo / Heterogéneo: El grupo con menor percepción de preparación general, caracterizado por niveles críticos en bienestar psicosocial e identidad profesional, lo que incrementa su vulnerabilidad frente al desgaste profesional o burnout.
El fin de las «recetas únicas» para la capacitación docente
Sobre la trascendencia de estos hallazgos para las políticas públicas, el investigador de la Universidad Autónoma explica que “este estudio aborda una dimensión transversal tanto en la formación como en el ejercicio docente. El sistema escolar presenta desafíos cada vez mayores, derivados de la diversidad en el aula y de las múltiples tareas pedagógicas y administrativas. En ese escenario, fomentar el autocuidado y el bienestar docente se vuelve indispensable”.
En ese sentido, y de acuerdo con las conclusiones del estudio, someter a todos los profesores a los mismos cursos de perfeccionamiento resulta ineficiente en términos de recursos y poco efectivo en términos pedagógicos. Mientras que los docentes agrupados en los perfiles más altos requieren perfeccionamiento en liderazgo o estrategias de acompañamiento a sus pares, aquellos situados en los perfiles más bajos necesitan con urgencia programas de contención, regulación del estrés y nivelación socioemocional de base.
Eso sí, los investigadores mantienen la prudencia: “Estos perfiles reflejan percepciones, no competencias medidas objetivamente. No deberían usarse para clasificar a los profesores ni para prescribir intervenciones de manera automática. Son un punto de partida para diseñar estrategias y luego evaluarlas”, concluye Carlos Arriagada-Hernández.