El Dr. José Antonio Vega, catedrático de Anatomía y Embriología Humana de la Universidad de Oviedo (España) e investigador asociado a la Universidad Autónoma de Chile, sostuvo una reunión clave con los estudiantes del Doctorado en Ciencias Biomédicas, Valeria Pérez, Carlos Carrasco y Constanza Griffith para evaluar el avance de sus tesis y coordinar futuros lazos académicos. “Conversamos cosas concretas de las que están haciendo, técnicas que les puedo ayudar para que completen el trabajo e incluso de la posibilidad de ir hasta mi universidad a hacer una estancia para solucionar problemas específicos”, dijo el especialista.

Durante la jornada, desarrollada el 18 de junio en el Centro de Investigación e Innovación (CII) en Huechuraba, el académico conoció los tres proyectos de la línea biomédica. Pérez abordó el eje intestino-cerebro, mientras que Carrasco expuso sobre lesiones del cáncer gástrico. Sin embargo, la propuesta de Griffith capturó de forma especial su atención: «Tiene el proyecto más alucinante que he escuchado en mi vida, que es el estudio de posible patogenicidad de bacterias que están trayendo desde la Antártida. Me pareció un proyecto de una belleza y de una riqueza única».

Alianza estratégica internacional

A partir de este intercambio, el Dr. Vega reflexionó sobre el exigente camino que enfrentan los investigadores en formación. “Primero, los temas nunca se agotan y siempre surgen dudas. Segundo, la investigación es una carrera de fondo, no de velocidad. Hay que tener mucha paciencia y resistencia”, advirtió. A este consejo sumó un tercer factor que considera determinante para el éxito de los estudiantes y el cuerpo docente: «Aprovechar la increíble infraestructura de todo este centro para hacer cualquier tipo de investigación biomédica».

En esa misma línea, el experto profundizó en el desafío operativo que conlleva contar con tecnología de vanguardia. Tras calificar los laboratorios del CII como una «inversión única en medios», señaló que el paso siguiente es activarlos estratégicamente: «Ahora es muy importante ir poniendo a funcionar los medios y evaluar si, a lo mejor, hace falta un cuerpo técnico de apoyo para todo este instrumental, porque ni los profesores ni los doctorandos, posiblemente tengan el tiempo suficiente para hacer una curva de aprendizaje idónea con ese aparato». Ante esto, subrayó un doble objetivo: «Por un lado, potenciar al máximo la utilización de las infraestructuras, que son fantásticas, y por otro lado, que los doctorandos y los profesores se den cuenta de lo que tienen, que lo utilicen y lo exploten”.

Para la doctoranda Valeria Pérez, el intercambio representó un valioso impulso metodológico y estratégico para su investigación sobre el eje intestino-cerebro en el envejecimiento. «Me nutre en base a las diferentes técnicas que pudimos conversar de biología molecular y neurociencia», señaló. En ese sentido, destacó el aprendizaje sobre el iDISCO, una herramienta de visualización utilizada en el laboratorio del Dr. Vega en España que permite recrear un órgano en 3D. «Mediante esta técnica se marcan proteínas de interés con diferentes anticuerpos (…), entonces uno después puede tener el panorama completo de esta proteína en un órgano determinado, por ejemplo, como el cerebro, y eso nos da información también del ambiente cerebral en que se encuentra», detalló.

Más allá de este aporte directo, la investigadora valoró el encuentro como una instancia «muy enriquecedora que nos ayuda a nosotros para poder generar redes con otras universidades y colaboraciones posteriormente», lo que le permitirá «complementar mis experimentos con técnicas de otros laboratorios y eso sirve mucho al desarrollo de la tesis».

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