Chile enfrenta una de las transformaciones demográficas más profundas de su historia reciente, con uno de los índices de natalidad más bajos de América Latina. Esta tendencia no responde únicamente a un cambio de hábitos, sino a un giro cultural sostenido durante las últimas décadas: la maternidad se ha postergado progresivamente, a la vez que la opción de no tener hijos gana una legitimidad social sin precedentes entre las generaciones jóvenes.

Buscando comprender las causas profundas detrás de este fenómeno, el estudio La familia y el valor de los hijos: decisiones reproductivas en Chile, publicado en la revista científica Journal of Family Issues y liderado por la académica de la Universidad Autónoma de Chile, Dra. Verónica Gómez, analizó lo que la gente considera «normal» o esperable al formar una familia, a partir de los datos nacionales de la Encuesta Bicentenario UC. La investigación examinó cómo las distintas generaciones perciben la crianza, revelando que el declive de los nacimientos no se debe a un rechazo hacia los niños o a una falta de afecto por la vida familiar, sino a una reevaluación pragmática de las condiciones materiales y sociales necesarias para criar en el Chile de hoy.

El hallazgo central de la investigación radica en la marcada diferencia generacional observada en el grupo de 18 a 35 años. Si bien este grupo reconoce que tener hijos genera satisfacción personal y un impacto emocional positivo, también son profundamente conscientes de los altos costos económicos, la carga mental y las dificultades para conciliar la vida laboral con los cuidados, responsabilidades que continúan cayendo de forma desproporcionada sobre las mujeres.

“Los datos sugieren que nos encontramos frente a una visión de la parentalidad mucho más planificada y con sentido de responsabilidad respecto de lo que significa tener hijos”, explica la investigadora, agregando que “esta conclusión es importante por al menos dos razones: por una parte, pone el acento en las condiciones materiales y de apoyo que hoy se requieren para ser padre o madre, más allá de las preferencias individuales. Por otra parte, nos muestra que esas condiciones son de largo plazo, y no se refieren sólo a un momento puntual, como la primera infancia”.

El fin de los mandatos tradicionales y la preferencia por familias pequeñas

Otro aspecto determinante del estudio es un claro quiebre con la idea tradicional de cómo debe formarse una familia. Para la generación de 18 a 35 años, la presencia de hijos ya no se percibe como un elemento que garantice la unión de la pareja ni como un «seguro» para la vejez. Asimismo, existe una desvinculación progresiva entre el matrimonio formal y la decisión de reproducirse. En su lugar, se ha consolidado con fuerza el ideal de la familia pequeña: la gran mayoría de los jóvenes concuerda en que es preferible tener pocos hijos para poder garantizarles una educación y atención de calidad, descartando la idea antigua de que a mayor cantidad de hijos existe mayor felicidad.

“Lo que vemos en las personas jóvenes es la aceptación de una mayor diversidad de modelos de familia. La idea de que hijos e hijas son clave para fortalecer una relación de pareja de largo plazo, por ejemplo, que solía ser bastante extendida, no encontró aceptación en el grupo entre los 18 y los 35 años, aunque todavía es una creencia relativamente aceptada en las personas de 60 años y más”, dice la Dra. Gómez.

A esta reestructuración cultural se suma la necesidad de políticas públicas acordes con las nuevas realidades. El estudio destaca un amplio respaldo de la ciudadanía —especialmente entre los más jóvenes— a la implementación de incentivos estatales y apoyos económicos para las familias, lo que refleja que el costo financiero de la crianza representa un obstáculo de primer orden. Para las mujeres jóvenes en particular, el desafío de ingresar y mantenerse en el mercado laboral formal sin una red institucional de cuidados adecuada convierte la decisión reproductiva en una encrucijada entre el desarrollo profesional y la maternidad.

“Cuando la maternidad se percibe como incompatible con otros proyectos personales, en especial con la autonomía personal y económica, muchas jóvenes optan por postergar la maternidad, tener menos hijos de los que desearían, o simplemente no tenerlos”, comenta la investigadora.

Por último, la investigadora de la U. Autónoma insiste en que los hallazgos de este y otras investigaciones muestran la importancia de políticas públicas que avancen en apoyar las tareas de cuidado infantil para madres y padres. “Por ejemplo, la discusión sobre el derecho a sala cuna que hoy tenemos como sociedad es clave, porque se trata de una política pública que podría tener un impacto notable si es bien implementada”.

El estudio fue realizado junto a los investigadores Carlos Mellado (Pontificia Universidad Católica de Chile) y Felipe Tello (Universidad Alberto Hurtado), y en el marco del proyecto Fondecyt 1230166, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile y titulado “Jóvenes y formación pareja/familia: elementos para un modelo de análisis para la comprensión de las decisiones reproductivas en Chile”, que la investigadora de la U. Autónoma finalizó en marzo del 2026.

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