En Chile, el diseño y la construcción de escuelas se basan en normativas gubernamentales del Ministerio de Educación (Mineduc), tales como el Decreto Supremo N°548 y los criterios técnicos de espacios educativos. Estos textos oficiales buscan asegurar recintos seguros, flexibles y aptos para el aprendizaje en los cerca de 11.300 colegios que componen el sistema estatal, los cuales albergan a más de 3,2 millones de estudiantes en todo el país.
“El mejoramiento de la infraestructura escolar se ha enfocado en optimizar la calidad ambiental para que los espacios sean confortables para aprender. Este objetivo, necesario para abordar las desigualdades en la infraestructura de los establecimientos, se ha implementado en consonancia con la agenda nacional de eficiencia energética. Esto se alinea con el paradigma de la enseñanza tradicional centrado exclusivamente en el desarrollo de las competencias cognitivas”, analiza la Dra. Cecilia Palarino, investigadora de la Universidad Autónoma de Chile.
No obstante, la académica uruguaya advierte: “En los últimos años la educación ha experimentado un cambio de paradigma, orientando el aprendizaje hacia las ‘habilidades del siglo XXI’. En este contexto, el bienestar socioemocional del estudiante ha pasado a ocupar un lugar igualmente relevante que el desarrollo de las competencias cognitivas”.
Experiencia perceptiva: Luz y color
Precisamente para comprender “la percepción del entorno visual del aula y la experiencia de los estudiantes más allá del rendimiento académico”, la Dra. Palarino lideró —junto a Natalia Giraldo, Laura Marín, María Victoria Benavente y Beatriz Piderit— una investigación publicada en la revista científica Building and Environment. El estudio, que articuló a universidades de Chile, Dinamarca y Bélgica, combinó la observación arquitectónica de 21 aulas públicas en Concepción y Valparaíso con encuestas directas a escolares mayores de 12 años, consolidando una muestra final de 443 estudiantes.
Estudios previos han determinado que la iluminación y su ambiente visual en los estudiantes genera un efecto positivo en las respuestas cognitivas, despierta un mayor estado de alerta y fomenta la atención y la concentración. “Lo nuevo e interesante es evaluar los atributos o cualidades de esa luz, considerando calidez, distribución y equilibrio. Que sea brillante y fría no implica necesariamente que se sientan a gusto con ella, lo cual habla de la experiencia perceptiva que se vive día a día en el aula. Distintas cualidades lumínicas se correlacionan con distintos tipos de activación y con la predisposición a realizar tareas de aprendizaje específicas, como la lectoescritura, la memoria y la atención”, detalla la doctora en Arquitectura y Urbanismo, Cecilia Palarino.
“El color de las paredes es el aspecto menos resuelto en el diseño del aula y también el peor valorado por los estudiantes. Además, se correlaciona con sentirse menos motivado en su espacio de aprendizaje. Esto nos muestra que es un aspecto urgente por atender”, agrega la experta de 42 años, radicada en Temuco, Región de La Araucanía.
Claves arquitectónicas
La investigación considera que las normativas actuales aseguran condiciones mínimas. Sin embargo, se limitan a parámetros aislados e ignoran la dimensión psicológica y perceptiva, lo que no garantiza un entorno estimulante. Por ello, invita a superar el enfoque prescriptivo (normas, reglas o recomendaciones) y priorizar la experiencia del espacio, la cual es clave para promover el bienestar, las emociones positivas y la motivación en el aprendizaje actual.
Al cierre, la Dra. Palarino enumeró las tres claves arquitectónicas urgentes para diseñar las escuelas del futuro en Chile: “Establecer lineamientos claros para la aplicación cromática en las aulas escolares, definir lineamientos para variar las características de la iluminación a fin de fomentar distintas actividades y experiencias en el aula e integrar el diseño del estímulo visual, en lugar de abordar la iluminación y el color por separado”.