Un 80% de las hospitalizaciones y cuadros graves por Virus Respiratorio Sincicial (VRS) en bebés de hasta tres meses logran evitarse si las madres reciben la vacuna en el tercer trimestre de embarazo. Aunque Chile es pionero en Latinoamérica al impulsar estrategias masivas de inmunización contra este patógeno, el éxito de transferir defensas al recién nacido desde el vientre choca con una frontera crítica: que las mujeres decidan voluntariamente inyectarse.

“La aceptación de la vacuna no depende únicamente de conocer su existencia, sino de una serie de factores psicológicos que influyen en la toma de decisiones durante el embarazo, como actitudes positivas hacia la inoculación”, explica el Dr. Pablo Palma, director de la carrera de Psicología de la Universidad Autónoma de Chile (sede en Talca), quien es parte de una investigación para comprender los predictores psicológicos ante la aceptación de las madres.

El bebé como factor principal

El estudio, elaborado junto a la Dra. Camila Salazar, la Dra. María José Rivera (U. de La Frontera), la Dra. Natalia Salinas (U. de La Frontera) y Camila León (U. Andrés Bello), analizó a 463 mujeres chilenas reclutadas a través de redes sociales. La investigación, guiada por la Teoría de la Conducta Planeada, logró un alto nivel de certeza al explicar el 64,7% de la variación en la intención de vacunarse, controlando variables como la edad, el número de hijos y las creencias conspirativas.

“La desconfianza suele surgir por incertidumbre más que por rechazo a las vacunas. Miedos y dudas actúan como barreras, mientras que el apoyo del entorno y la percepción del riesgo juegan un papel crucial. Específicamente, el riesgo percibido para el bebé aumenta de forma significativa la intención de vacunarse, a diferencia del riesgo sobre la propia madre, que no tiene efecto. Esto demuestra que en el embarazo las decisiones sanitarias se orientan firmemente hacia la protección del hijo o hija”, precisó el doctor en Psicología Social de 39 años.

Una política pública con base psicológica

Los autores de la investigación coinciden en que el principal valor de este hallazgo no es solo comprobar el comportamiento sanitario, sino tender un puente directo hacia las autoridades de salud. Con el paper ya indexado en plataformas de prestigio internacional como PubMed, el desafío actual es que los datos de campo sean integrados por el Ministerio de Salud, el Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI) y los equipos clínicos que atienden a diario a gestantes en el sistema público y privado.

“La ventaja de este estudio es que no solo demuestra que la vacuna puede ser aceptada, sino que explica por qué las personas deciden aceptarla. Esa información permite diseñar campañas mucho más precisas, utilizando mensajes que realmente conecten con las motivaciones de las futuras madres”, señaló el Dr. Palma.

Para el académico, el paso siguiente es ineludible: “En definitiva, creemos que una buena política pública no solo debe estar basada en evidencia biomédica, sino también en evidencia psicológica sobre cómo las personas toman decisiones en salud. Esa integración puede marcar una diferencia importante en la efectividad de futuras campañas de inmunización”.

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