En las últimas cuatro décadas, los discursos sobre la responsabilidad parental en la crianza han experimentado grandes cambios, orientados hacia una repartición justa y equitativa de las tareas, los cuidados y las decisiones sobre los hijos e hijas. Pese al avance discursivo, un estudio de Ada Chacín Espina, docente adjunta de la Universidad Autónoma de Chile y estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales, revela que las prácticas sociales consolidadas al interior de los hogares en Latinoamérica aún no reflejan una verdadera corresponsabilidad.

“Esto se debe a que el entramado institucional, el mercado de trabajo y los regímenes de protección social operan bajo un sesgo de género que perpetúa la división sexual del trabajo tradicional, obstaculizando una conciliación corresponsable. A causa de esta asimetría estructural, las mujeres, aun habiendo consolidado su inserción en el empleo formal, continúan absorbiendo de manera desproporcionada la carga global del trabajo reproductivo, doméstico y de cuidado”, señala la académica venezolana.

Hombres, colaboradores periféricos

Publicada en la revista científica Interacción y Perspectiva, la investigación de Chacín, junto a Verónica Gómez Urrutia, Juan Carlos Peña y Ángel Acevedo Duque, aplicó la declaración metodológica PRISMA para depurar una muestra inicial de 15.902 registros provenientes de Scopus, Web of Science, Redalyc y SciELO, pasando por un filtro intermedio de 50 estudios y 20 documentos bajo criterios específicos de inclusión (grupo etario, estructura familiar y sistema de producción) hasta aislar cinco estudios empíricos cualitativos definitivos cuya muestra se concentra exclusivamente en Colombia, Chile y Uruguay dentro del marco regional latinoamericano.

“Los hombres operan como colaboradores periféricos en tareas fragmentadas, lo que reproduce de forma implícita las representaciones estereotipadas de los roles tradicionales. Aunque el discurso masculino evidencia una valoración positiva hacia el trabajo no remunerado, en la praxis cotidiana la paternidad se ejerce bajo una lógica de asistente-responsable. Los varones atraviesan un rezago en sus procesos de reconfiguración simbólica y deconstrucción de género, lo que les impide internalizar el cuidado y la sostenibilidad del hogar como una responsabilidad co-obligatoria, ética y simétrica”, cuenta la doctoranda Ada Chacín.

Próximos pasos hacia la equidad

Tras la consolidación de este primer hito científico enfocado en la revisión sistemática de la literatura regional, la siguiente etapa del proyecto de tesis doctoral apunta a caracterizar empíricamente este fenómeno en el contexto chileno, examinando cómo las condiciones macroestructurales y los sutiles mecanismos adaptativos continúan perpetuando las asimetrías en el ámbito doméstico y de cuidado.

“Las responsabilidades parentales enfrentan desafíos estructurales que demandan la generación de estrategias colectivas e innovadoras por parte de los Estados. Los datos deben utilizarse para rediseñar políticas públicas de conciliación trabajo-familia que superen la concepción privatizada y maternalizada del cuidado, garantizando una articulación justa y simétrica entre las esferas reproductiva y laboral. Este diseño institucional debe configurarse bajo un enfoque de equidad e interseccionalidad, asegurando que las condiciones de conciliación alcancen a todas las familias de manera universal, independiente de su nivel educacional, posición de clase o nivel socioeconómico, logrando así que los discursos institucionales de equidad de género se materialicen en condiciones de vida efectivas”, proyecta la docente de 40 años.

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