A través del lente de quince adolescentes, la exposición fotográfica Miradas de Barrio: Niñeces, entornos alimentarios y bienestar ofrece una perspectiva inédita sobre una crisis de salud pública. Las imágenes, capturadas por un grupo de San Joaquín, no solo documentan calles y almacenes en las poblaciones La Legua y Carmen Mena, sino que visibilizan cómo la geografía y la percepción de seguridad determinan lo que comen.
Esta exhibición es el resultado tangible de una rigurosa investigación cualitativa impulsada por el Dr. Cristóbal Dauvin, académico de la Universidad Autónoma de Chile, la cual busca entender el trasfondo de una cifra alarmante: el 58% de la población chilena entre 5 y 19 años presenta sobrepeso u obesidad, la prevalencia más alta entre las economías de altos ingresos, según el informe de Unicef (Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia) de mayo de 2026.
“Es un factor de alerta. La alimentación no funciona bien y algo está pasando respecto a la calidad de vida de los niños”, reflexiona el Dr. Dauvin, director del recién formado Laboratorio de Estudios Sociales en Niñeces y Juventudes (NIJUV Lab) de la casa de estudios. A partir de este diagnóstico, el estudio desplegó metodologías participativas para analizar cómo el entorno barrial afecta el bienestar subjetivo y nutricional de las infancias.

San Joaquín en observación: La dualidad del territorio
Financiado por la Dirección de Investigación de la U. Autónoma, el trabajo se centró en 15 jóvenes de 12 a 15 años del Programa Familias de San Joaquín. Mediante mapeos territoriales y recorridos fotográficos, los participantes retrataron y narraron de forma directa su relación con la comida.
“La comuna tiene una dualidad. La Legua tiene restricciones de espacio y seguridad donde los niños perciben dificultades para desplazarse libres. En cambio, hacia Gran Avenida hay mayor oferta a escala”, explica el académico. “Sí, hay otro lugar, pero queda lejos… prefiero quedarme por acá cerca donde conozco, donde me siento más tranquila”, relata una participante de 12 años. Por su parte, un adolescente de 13 años confiesa: “A veces me gusta comer esas cosas, porque son ricas y me hacen sentir bien, pero después igual me siento mal. No debería comer tanto, pero igual lo hago y después me arrepiento”.
Los hallazgos revelan que, si bien el almacén barrial otorga seguridad física frente a la delincuencia, restringe drásticamente la diversidad nutricional y limita las alternativas saludables, obligando a las familias a salir del perímetro. Más allá de la disponibilidad física de ultraprocesados, el estudio demuestra que el acto de comer se articula con movilidad restringida, angustia e incertidumbre. Pese a ello, los adolescentes identifican su principal refugio de bienestar en el núcleo familiar al compartir los alimentos.

Itinerancia de la muestra
La Dra. Ana Gutiérrez, directora de Investigación de la Universidad Autónoma, subraya que “es totalmente relevante e importante conectar con la comunidad, que ellos participen habla del enfoque en el impacto social”. En tanto, Fernanda Garcés, integrante del Programa Familias en la Municipalidad de San Joaquín, destacó: “Es un análisis profundo ante la realidad de la infancia, lo cual nos permite buscar estrategias para que ellos opten a otras oportunidades”.
Como estrategia de transferencia científica, la muestra fotográfica está disponible del 10 al 16 de agosto en el hall de la sede El Llano de la Universidad Autónoma, luego del 17 al 23 del mismo mes en el Centro de Investigación e Innovación en Huechuraba y del 24 al 30 en la sede Providencia de la casa de estudios. Posteriormente, en septiembre, la exposición culminará su recorrido en la Municipalidad de San Joaquín.
