La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la educación superior ha comenzado a transformar de manera profunda los procesos formativos, impactando tanto el diseño de las experiencias de aprendizaje como las formas de evaluación. Como advierte el docente e investigador de la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Chile Dr. Francisco Silva, “su uso ha comenzado a modificar diversas prácticas asociadas a la enseñanza universitaria, especialmente aquellas relacionadas con el diseño de actividades de aprendizaje y con los procesos de evaluación”.
Uno de los principales cambios se observa en la relación de los estudiantes con el conocimiento. El acceso a respuestas inmediatas y estructuradas ha favorecido, en algunos casos, dinámicas de resolución superficial de tareas, donde el esfuerzo cognitivo, la reflexión y la elaboración personal tienden a debilitarse. “En muchos casos, se observa una tendencia a delegar tareas académicas en agentes de IA, reduciendo el esfuerzo personal y el trabajo cognitivo que supone aprender”, explica el académico.
Ya no basta la sola transmisión de contenidos
Frente a este escenario, el rol del docente adquiere una renovada centralidad. Más que transmitir contenidos, su labor se orienta a guiar el proceso formativo, problematizar el conocimiento y generar instancias que exijan al estudiante pensar, analizar y tomar posición.
“Si la IA reproduce y organiza información, entonces la tarea docente no puede seguir centrada sólo en transmitir contenidos”, sostiene Silva, enfatizando que el valor del académico está en su capacidad de mediación pedagógica y en la intencionalidad formativa del proceso educativo.
En esa línea, el desarrollo del pensamiento crítico es fundamental en la formación universitaria. Cuestionar, contrastar información, reconocer sesgos y construir juicios propios se posiciona como una competencia clave frente a tecnologías que si bien son útiles, no garantizan por sí mismas comprensión ni aprendizaje profundo. “No se trata sólo de usar tecnología sino de formar estudiantes capaces de relacionarse con ella de manera reflexiva, con criterio y con responsabilidad”, afirma.
Para el Dr. Silva, en este escenario las universidades y en particular las facultades de Educación cumplen un rol estratégico: incorporar estas tecnologías y también formar docentes capaces de comprender sus alcances, límites y riesgos, integrándolas con criterio pedagógico y responsabilidad ética.