Las estadísticas oficiales del empleo suelen reducir la cesantía a un número frío, bajo la premisa de que perder el puesto de trabajo afecta a todos los ciudadanos de la misma manera. Sin embargo, la ciencia psicológica chilena acaba de demostrar lo contrario: el desempleo golpea de formas radicalmente distintas según el perfil de cada persona y el entorno donde vive.

A través de un innovador estudio publicado en la revista científica Acta Psychologica y liderado por el Dr. Carlos Serrano, académico de la carrera de Psicología de la Universidad Autónoma de Chile, se logró la validación de una escala (PSIUS – Mapeo Psicosocial del Impacto del Desempleo) que mide cómo impacta psicológica y socialmente el desempleo en las personas. La herramienta mapeó con precisión el golpe “invisible” que significa la falta de trabajo en una comunidad, evaluando dimensiones que van mucho más allá de la carencia de ingresos.

“Las cifras del INE nos muestran cuántas personas están desempleadas y cómo evoluciona el mercado laboral. Sin embargo, responden principalmente a la pregunta de ‘¿cuántos?’ y no a ‘¿cómo están viviendo las personas esa experiencia?’”, comienza explicando Carlos Serrano, agregando que “el desempleo no significa sólo perder un ingreso, también puede implicar la pérdida de rutinas, proyectos, identidad laboral y sensación de estabilidad”.

Los cuatro rostros de la cesantía

El principal hallazgo de la investigación derriba el mito del «desempleado genérico». Al procesar las respuestas de los participantes mediante avanzados modelos estadísticos, los investigadores identificaron que la población desocupada se divide de forma clara en cuatro grandes perfiles psicológicos frente a la crisis laboral:

1. Los resilientes: personas que, a pesar de la severa presión financiera y la falta de ingresos directos, logran sostener un bienestar psicológico relativo. Cuentan con

herramientas emocionales previas o redes de apoyo que evitan el desplome de su autoestima.

2. Los traumáticos: ciudadanos que experimentan una autodevaluación profunda y un quiebre emocional severo al perder el empleo. Para ellos, el trabajo estructuraba su identidad vital, por lo que la cesantía se traduce en cuadros de ansiedad disfuncional, rabia y aislamiento crónico.

3. Los paradójicos: segmento que muestra conductas y respuestas psicológicas mixtas. Pueden manifestar altos niveles de estrés en ciertos días, pero mantener expectativas optimistas o comportamientos adaptativos inesperados en otros, desconcertando los análisis lineales convencionales.

4. Los testigos: experimentan un impacto moderado o colateral. Si bien la falta de empleo altera sus dinámicas, no llegan a desarrollar patologías o disfunciones afectivas graves, viviendo el proceso como una etapa de transición tolerable.

Sobre estos perfiles, el investigador de la Universidad Autónoma explica que “no todas las personas desempleadas necesitan la misma intervención. Algunas requerirán principalmente apoyo para la reinserción laboral, mientras que otras necesitarán atención en salud mental o fortalecimiento de sus redes de apoyo. Comprender estos perfiles y cómo se manifiestan en los distintos territorios permite diseñar políticas públicas más eficientes, focalizadas y acordes a las necesidades reales de cada comunidad”.

El mapa del dolor: La vulnerabilidad se segrega en los barrios

Además de la caracterización psicológica, el estudio incorporó un análisis geoespacial. Los investigadores tomaron los datos recolectados en la comuna de Cauquenes —utilizada como laboratorio de validación por su compleja matriz urbana y rural— y los distribuyeron geográficamente calle por calle.

Los resultados revelaron un fenómeno alarmante: el sufrimiento mental por desempleo no se distribuye de manera aleatoria en una ciudad. El estudio detectó «clusters» o agrupamientos geográficos significativos. Es decir, existen barrios específicos donde se concentra de forma masiva el perfil «traumático», mientras que en otros sectores de la misma comuna predominan respuestas más templadas o resilientes. Esta segregación espacial demuestra que el entorno vecinal y las redes comunitarias juegan un rol crítico en amortiguar o amplificar el drama de la cesantía.

Sobre estos descubrimientos, el Dr. Serrano concluye que el objetivo de la investigación “no es sólo generar conocimiento científico, sino también traducir esa evidencia en herramientas útiles para la toma de decisiones. Aspiramos a que estos instrumentos permitan orientar intervenciones más oportunas y fundamentadas, así como aportar lineamientos para el diseño de políticas públicas frente a fenómenos complejos como el desempleo”.

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