El Dr. Konstantinos Kourkoutas, coordinador CORE Smart & Sustainable Cities y coordinador Living Lab de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), visitó las sedes de Santiago, Talca y Temuco de la Universidad Autónoma de Chile como parte de las actividades desarrolladas por el proyecto Conocimientos 2030 – Etapa 2 (CON24E20019), financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID).
El Dr. Kourkoutas es Doctor en Urbanismo por la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), con un Máster de Investigación en Urbanismo y un Máster en Arquitectura y Clima, también de la UPC, además de estudios de pregrado en ingeniería civil y arquitectónica en Washington University in St. Louis y Beloit College, en Estados Unidos.
Desde 2015 coordina en la UAB una comunidad de investigación transdisciplinar sobre ciudades sostenibles e inteligentes, ha diseñado e implementado la estrategia UAB Campus Living Lab —que representa a la universidad ante la red europea ENOLL (European Network of Living Labs)— y lidera el proyecto ULALABS (University Lab of Labs for Transformative Societal Innovation), desarrollado junto a socios de la red ECIU para crear redes distribuidas de experimentación urbana.
Entre el 24 y el 28 de agosto, visitó las tres sedes de la Universidad Autónoma de Chile para dar a conocer la experiencia de la UAB en Living Labs y capacitar a estudiantes, equipos académicos y de gestión, en una instancia de carácter teórico-práctico. En medio de esa agenda, conversó sobre el rol de la universidad frente a los territorios y el aporte de los Living Labs a ese proceso.
¿Por qué es importante que las universidades abran hoy un diálogo directo con los territorios?
— Hoy es importante que las universidades abran el diálogo con el territorio y la sociedad por diferentes motivos. Primero, para hacer una investigación y una innovación que sea más relevante y pertinente al territorio y a la sociedad. Este trabajo se tiene que hacer con la sociedad y para la sociedad.
¿Por qué en particular en el momento actual?
— En el momento que vivimos ahora —de polarización, de tensiones, de conflictos— las universidades pueden tener un papel clave para generar relaciones y conexiones con el territorio, y generar impacto al final. Un impacto que puede ser útil, pero también puede ser arriesgado, dependiendo de cada territorio y cada sociedad. En ese sentido, no podemos seguir investigando como antes. Tenemos que buscar nuevas maneras, nuevas narrativas que generen un impacto más cercano y más relevante a cada territorio.
¿Qué aportan específicamente los Living Labs a este proceso?
— En este contexto, los Living Labs introducen un nuevo paradigma, primero para relacionarse con la sociedad y con los diferentes agentes del territorio, pero también para invitarlos a participar en estos procesos. Se trata de abrir los procesos de investigación e innovación a estos agentes y hacerlos partícipes, y no solamente recipientes de los resultados finales. Es lo que llamamos ciencia e innovación abierta.
¿Diría entonces que un Living Lab es más una estrategia, una infraestructura o una herramienta?
— Los Living Labs son tanto una estrategia como una infraestructura, y también una herramienta para generar ese impacto. Y también para impulsar una transformación a nivel de cómo la universidad realiza estos procesos, pero también de cómo se abre a la sociedad para generar esos procesos con la sociedad y para la sociedad.
Tras conocer la experiencia de la Universidad Autónoma de Chile, con sedes en Santiago, Talca y Temuco, ¿qué oportunidades ve para implementar este tipo de iniciativas?
— El hecho de que la Universidad Autónoma de Chile tenga tres sedes en tres territorios distintos, con diferentes características y diferentes capacidades, puede parecer una complicación, pero a la vez es una oportunidad, porque le permite tener más espacios para aprender, experimentar, pero también validar posibles soluciones que salen de estos procesos de innovación y de investigación.
¿Qué otros elementos ha identificado en su visita que jueguen a favor de este proceso?
— Además de la distribución geográfica, otra ventaja que he visto hasta ahora es la voluntad política que existe, tanto a nivel de la Facultad como a nivel de Vicerrectorías y de Rectoría, para impulsar este tipo de transformaciones, este cambio de modelo. Creo que los ingredientes básicos de éxito ya están; ahora es una cuestión de trabajarlos y aterrizarlos aquí en Chile, en cada uno de los territorios, para buscar la manera óptima de generar esos espacios de relación y de colaboración, y de trabajar con la sociedad y los diferentes agentes.
Con estas reflexiones, el Dr. Kourkoutas cierra su paso por la Universidad Autónoma de Chile dejando instalada una pregunta de fondo para el proyecto Conocimientos 2030: ¿Cómo transformar la distribución territorial de la universidad —Santiago, Talca y Temuco— de un desafío logístico a una plataforma real de aprendizaje, experimentación y colaboración con cada comunidad?