Un reciente estudio desarrollado por investigadores de la Universidad Autónoma de Chile revela que las regiones chilenas que logran una mayor equidad educativa entre hombres y mujeres experimentan tasas de crecimiento económico más aceleradas, demostrando que un incremento en la escolaridad universitaria y técnica de las mujeres tiene un impacto directo y medible en el aumento del Producto Interno Bruto (PIB) per cápita regional, superando el efecto de otros niveles educativos y variables demográficas.
En un documento publicado en la revista académica Journal of the Knowledge Economy, titulado Desigualdad en la educación y crecimiento económico: un enfoque de género en Chile y que analizó datos de la encuesta CASEN y registros del Banco Central entre los años 1990 y 2022, los investigadores Michelle Mieres-Brevis y Leonardo Rivas-Solar demuestran que la inversión en capital humano femenino es un motor indispensable para mejorar la productividad y el bienestar de la población.
Según indica el estudio, cuando una región logra que más mujeres accedan a la educación superior, su economía crece más rápido que la de aquellas regiones donde esa brecha sigue abierta. Según los cálculos de los investigadores, cada punto porcentual de aumento en el acceso femenino a la educación superior se traduce en un alza cercana al 0,4% en la tasa de crecimiento del PIB regional, un efecto que superó al de cualquier otro nivel educativo analizado, incluyendo la escolaridad de los hombres.
“Este resultado no significa que la educación superior femenina, por sí sola, explique todo el crecimiento de una región, pero sí muestra una asociación muy fuerte y consistente. Cuando más mujeres acceden a la educación superior, aumenta el capital humano disponible en el territorio. Eso puede traducirse en mayor productividad, mejores empleos, más innovación y también en una participación más activa de las mujeres en sectores que requieren mayor calificación”, explica la Dra. Michelle Mieres-Brevis, de la Facultad de Administración y Negocios de la U. Autónoma.
Para llegar a esta conclusión, los autores construyeron una base de datos única que sigue a las quince regiones del país durante 32 años, aplicando distintos modelos estadísticos para asegurarse de que el resultado no fuera casualidad ni estuviera distorsionado por otros factores. En todos los casos, la conclusión se repitió: la educación superior de las mujeres es el factor que mejor explica por qué unas regiones crecen más que otras.
El informe explica, además, que, aunque Chile ha logrado avances significativos en la reducción de las brechas de género a nivel nacional desde 1990, cuando se mira el mapa con lupa la realidad es muy desigual, existiendo marcadas diferencias entre las regiones del norte, centro y sur del país. “Una de las ideas más importantes del estudio es justamente esa, qué los promedios nacionales muestran avances, pero no cuentan toda la historia. Al mirar por regiones aparecen diferencias en los años de escolaridad, en el acceso a educación superior y también en cómo esa educación se relaciona con el crecimiento económico. En este paper no hacemos un ranking de regiones rezagadas, porque el foco está en la relación entre desigualdad educativa de género y crecimiento regional, pero sí mostramos que el territorio importa”, sostiene la académica de la U. Autónoma.
Un mito que se cae: no es la natalidad, es la educación
Otro de los hallazgos clave del estudio derriba un mito común en la economía tradicional. Al introducir los datos de educación en los modelos de análisis, variables demográficas como la tasa de fertilidad o el tamaño de la población dependiente perdieron relevancia. Esto implica que el factor más importante detrás de las diferencias de riqueza y crecimiento entre las regiones en Chile no depende de cuánta gente nace o vive allí, sino de los niveles de capital humano que acumulan y, muy especialmente, de cuánto se invierte en el talento femenino.
Finalmente, los autores de la investigación hacen un llamado a cambiar la forma en que se diseñan las políticas públicas en Chile. “El primer cambio es dejar de pensar las políticas públicas solo desde el promedio nacional. Chile es un país muy desigual territorialmente y una misma política puede tener resultados distintos según la región donde se implemente. Por eso, se necesitan políticas educativas con enfoque territorial y de género al mismo tiempo”, sostiene Michelle Mieres-Brevis.
En la misma línea, agrega que “otro cambio importante sería coordinar mejor educación, empleo y desarrollo regional. Si una región forma más capital humano femenino, pero no genera condiciones para que esas mujeres participen plenamente en el mercado laboral, parte de ese potencial se pierde. Entonces, la política pública no debería mirar la educación como un tema aislado, sino como parte de una estrategia más amplia de desarrollo regional”.