
Al principio, el ambiente era el de siempre.
Filas de estudiantes que comparten sala, pero no historia. Conversaciones breves, miradas que se cruzan y vuelven rápido al celular. Nadie lo dice en voz alta, pero se siente: aún no se conocen.
Hasta que algo cambia.
En el auditorio 641 de nuestro Campus Providencia, la jornada de apadrinamiento organizada por el Centro de Estudiantes de Enfermería comenzó a tomar forma. Varios grupos de estudiantes, guiados por cerca de seis tutores, participaron en distintas actividades didácticas vinculadas a su futura profesión, avanzando en equipo hacia un objetivo común: los juegos tipo Kahoot preparados por el CCEE.
Entre preguntas, risas y momentos de coordinación, el ambiente se transformó. Lo que partió con cierta distancia dio paso a conversaciones más sueltas, nombres que comenzaron a repetirse y vínculos que, poco a poco, empezaron a construirse.
La idea detrás de esta instancia fue clara: romper el hielo. Pero también ir un paso más allá. Permitir que estudiantes de segundo año conocieran a su Centro de Estudiantes, se reconocieran entre compañeros de generación y comenzaran a generar lazos de confianza que los acompañarán durante su formación.
En ese proceso, padrinos y madrinas cumplen un rol clave. No solo orientan, sino que comparten experiencia, cercanía y contención. Son quienes, desde su propio recorrido, ayudan a hacer más llevadero el inicio de una etapa que muchas veces se vive con incertidumbre.
La jornada también permitió acercar al equipo del Centro de Estudiantes y a su presidenta, dejando atrás la idea de una estructura lejana. Porque cuando hay espacios de encuentro, lo institucional se vuelve más próximo, más accesible, más humano.
Y es ahí donde aparece un aprendizaje que no está en la malla curricular.
En enfermería, el cuidado no comienza únicamente en el ámbito clínico. También se construye en estos espacios: en la capacidad de generar redes, acompañarse y sentirse parte de una comunidad.