“En la mañana me levanto contenta porque sé que voy a venir para acá, a aprender, y me gusta mucho”. Así parten los días de Berta Álvarez, de 64 años, vecina de la comuna de San Miguel y una de las asistentes al Taller de Alfabetización Digital que la Municipalidad desarrolla junto a la Coordinación de Aprendizaje más Servicio (A+S) de la Universidad Autónoma de Chile en el Campus El Llano Subercaseaux, Santiago.
Ya era una vecina activa de la comuna, participando en los talleres de baile y autocuidado de la municipalidad. Fue en uno de esos espacios donde le hablaron del curso de computación, y no dudó en inscribirse: “Quería aprender de computación porque no tenía muchas nociones, pero ha sido una experiencia totalmente transformadora, más allá de todo lo que he aprendido aquí”.
Las clases combinan teoría y práctica. Comenzó con lo básico: cómo es un computador, cómo se enciende, para qué sirven el teclado y el mouse, qué son los íconos que hay en una pantalla. Siguió con el uso de PowerPoint. La tarea asignada fue crear un emprendimiento ficticio y exponerlo en clase.
Berta inventó “Mi rincón verde”. “Es un negocio de venta de plantas en un local y también online. Puse imágenes, usé colores, distintos tipos de letra. Mi presentación incluyó objetivos, planificación y costos, de modo que fue una idea bien desarrollada”.
Llegar a un campus universitario, entre miles de estudiantes jóvenes y profesores, podría intimidar. Para Berta fue lo contrario. “¡Aquí me siento importante!”, dice sonriendo.
Pero el aprendizaje técnico ha sido sólo una parte de esta experiencia. “A mis hijas les gusta mucho la computación, saben harto y tenía claro que iba a tener su apoyo. Ahora que yo también sé, tenemos un nuevo tema de conversación, que nos ha unido aún más. También tengo el apoyo de mi esposo, que me motiva a aprender y ha sido fundamental en este curso”.
Al hacer el balance, Berta no esconde la emoción. “Ha sido una gran experiencia, increíble en todo sentido. Creo que es un premio a mi esfuerzo. A mi edad, podría estar en mi casa, tejiendo, viendo televisión, pero no. Aquí estoy, aprendiendo. Aquí he sido feliz, tengo el corazón lleno que es lo que más me importa, y me siento muy afortunada de esta oportunidad”.
Por eso, su gratitud es también hacia quienes le abrieron la puerta. “Estoy muy agradecida de la municipalidad y de la Universidad que nos abre las puertas. Estoy en contacto con mis hijas, mi familia está más unida, he conocido mucha gente y tengo un profesor que tiene una enorme vocación por enseñar”.
