Con el inicio de una nueva Operación Renta 2026, el miércoles 01 de abril, surgen diversos cambios y desafíos que los contribuyentes deben considerar al momento de realizar su declaración de impuestos. En este contexto, el director de la carrera de Auditoría y Control de Gestión de la Universidad Autónoma de Chile, sede Temuco, Mauricio Burgos, analiza las principales novedades del proceso, abordando sus implicancias en un escenario cada vez más digitalizado y con mayores niveles de fiscalización.

Desde su experiencia, destaca la importancia de comprender estos cambios, evitar errores frecuentes y adoptar buenas prácticas que permitan enfrentar este proceso de manera informada y oportuna. A continuación, se presentan los aspectos más relevantes de esta nueva etapa tributaria, junto con recomendaciones clave para personas naturales y trabajadores independientes.

¿Qué cambia en la Operación Renta 2026 respecto a años anteriores?

Este año hay algunas novedades que vale la pena conocer antes de sentarse a declarar. La más llamativa es que el SII dejará de limitarse a marcar errores genéricos y comenzará a sugerir directamente montos específicos en ciertos códigos del Formulario 22, aplicándose a ciertos contribuyentes. Es decir, el organismo llega con la “tarea más hecha”, usando la información que ya tiene de las operaciones. Eso suena cómodo, pero también implica mayor control, porque si se editan esos montos sugeridos, el sistema lo advertirá de inmediato y puede derivar en observaciones posteriores.

A eso se suma que se incorporaron nuevas Declaraciones Juradas vinculadas a criptoactivos, leasing y fondos de inversión, lo que refleja que el SII está poniendo atención en operaciones que antes quedaban en un área gris. Y para los trabajadores independientes, la retención en boletas de honorarios continua con el alza progresiva que viene de años anteriores.

En conjunto, son cambios que apuntan a un proceso más automatizado, pero también más exigente en cuanto a la coherencia de la información que entrega cada contribuyente.

¿Cuáles son los errores más comunes y cómo evitarlos?

El error más frecuente, sin duda, es confiar ciegamente en lo que aparece precargado en el formulario. Muchas personas asumen que si el SII ya puso esos datos, deben estar bien, y los envían sin revisar. Pero la información precargada viene de terceros —empleadores, bancos, AFP— y esos terceros también se pueden equivocar. Por tanto, la revisión antes de enviar es un paso que parece obvio, pero que mucha gente se salta.

Otro problema habitual es olvidar declarar ingresos adicionales: el arriendo de una propiedad, los intereses de una cuenta de ahorro, dividendos de acciones o lo que se gana por plataformas digitales. Se trata de ingresos que la gente tiende a pasar por alto, pero que el SII cada vez tiene más herramientas para detectar. En el caso de los trabajadores independientes, el problema suele ser que no cuadre bien lo que ellos registran con lo que sus clientes informaron al SII a través de Declaraciones Juradas, y cuando esas cifras no coinciden, aparecen las observaciones.

La clave para evitar todo esto es bastante simple, aunque requiere un poco de orden: revisar con anticipación la carpeta tributaria en sii.cl, no esperando al último día de abril y, ante cualquier duda, consultar con la instancia pertinente antes de enviar. Parece básico, pero marca una diferencia enorme.

Recomendaciones prácticas para personas naturales y trabajadores independientes

Lo primero que recomendaría es no dejar todo para la última semana de abril. El estrés de los plazos lleva a declarar apurado, y ello lleva a cometer errores. Si el SII habilita el Formulario 22 desde el 27 de marzo, hay tiempo de sobra para revisar con calma.

Para los trabajadores a honorarios en particular, es importante tener claro cuánto emitieron en boletas durante 2025 y verificar que eso coincida con lo que sus contrapartes informaron. Si hay diferencias, es mucho mejor detectarlas ahora que recibir una observación posteriormente. También es bueno revisar si corresponde algún crédito o rebaja que no se esté usando, como las cotizaciones previsionales voluntarias o los gastos de educación. Muchas personas los ignoran simplemente porque no los conocen, y terminan pagando más impuestos de los que realmente corresponde.

Y algo que parece obvio pero igual hay que decirlo: tener todos los documentos del año —liquidaciones, certificados de AFP, comprobantes de retención— ordenados en un solo lugar. Cuando llega la hora de declarar, no tener que buscarlos entre correos y cajones ahorra mucho tiempo y, sobre todo, muchos nervios.

¿Las propuestas del SII facilitan el proceso o pueden generar riesgos?

Mi opinión es que son un avance real, pero hay que usarlas con responsabilidad. Para alguien con una situación tributaria simple —un sueldo fijo, sin inversiones ni ingresos adicionales, por ejemplo — la propuesta del SII probablemente esté bien y aceptarla es perfectamente razonable. Le ahorra tiempo y reduce la posibilidad de error.

El problema aparece cuando el contribuyente acepta la propuesta sin entenderla, solo porque confía en que “el SII sabe todo”. Si la información de origen tiene algún error y se acepta sin revisarla, la responsabilidad igual es del contribuyente. El SII no asume las consecuencias de una declaración incorrecta, aunque haya sido quien sugirió los montos. Por eso, lo más sensato es tratarlas como un punto de partida útil para orientarse, no como una respuesta definitiva que simplemente hay que aprobar con un clic. De ahí, la importancia de revisar la exactitud de la información que es sugerida por el sistema.

¿Qué se podría hacer para mejorar la educación tributaria en Chile?

Creo que el problema de fondo es que en Chile la mayoría de las personas llega a su primera declaración de renta sin haber recibido ninguna preparación formal. Nadie explicó en el colegio qué es un impuesto, para qué sirve o cómo funciona el sistema tributario. Entonces no es sorprendente que el proceso genere tanta confusión y ansiedad, año tras año. Además, las reformas tributarias producen cambios en el quehacer tributario, y por ende en las declaraciones.

Lo más urgente sería incorporar educación financiera y tributaria básica, de manera progresiva, en la enseñanza media, y quizás antes, en diferentes etapas formativas, por ejemplo, incorporando módulos de temas tributarios en asignaturas que sean pertinentes. No se trata de formar especialistas, sino simplemente de que un joven que empieza a trabajar sepa al menos qué es el Impuesto Global Complementario o por qué se retiene un porcentaje de los honorarios, por ejemplo, así como el papel relevante que corresponde desde la responsabilidad tributaria.

A corto plazo, el SII también podría simplificar su comunicación, porque sus circulares y resoluciones no están escritas para los contribuyentes en general. Videos explicativos, infografías y tutoriales en lenguaje simple harían una diferencia enorme, especialmente para quienes no tienen acceso a asesoría profesional.

Y más allá del castigo de las multas, sería interesante explorar incentivos positivos para quienes declaran correctamente y a tiempo. Una cultura tributaria sana no se construye solo con amenazas; también necesita reconocer y valorar el cumplimiento voluntario, que en definitiva es lo que sostiene el sistema.

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