diccQuizás la máxima gracia de este diccionario es que nace en el 2013 como un taller en la asignatura de Semántica, donde casi de manera espontánea se fue gestando un proyecto  más ambicioso; rescatar palabras coloquiales cuyo requisito  se basó en no estar incorporadas en la Real Academia de la Lengua Española, RAE.

Sin embargo, una vez publicada la primera edición y gracias a la buena acogida que éste tuvo por parte de los lectores, se generó la inquietud de reeditar el libro con una mayor cantidad de palabras, frases y dichos típicos.

Para la directora de la carrera de Pedagogía en la Lengua Castellana y Comunicación, María Elena Opazo, este es un gran logro para los estudiantes “les permite profundizar los conocimientos  sobre el lenguaje, desarrollando sus capacidades investigativas y, por sobre todo, ir fortaleciendo su proceso formativo. Además, este material se transforma en un aporte a la comunidad, fundamentalmente para los extranjeros que nos visitan”.

Cabe señalar, que el principal gestor de esta iniciativa es el docente de la Universidad Autónoma a cargo del  taller de semántica, Profesor Luis Herrera. Escritor, magíster en docencia universitaria y diplomado en lingüística aplicada, cuenta con publicaciones anteriores como “La Lámpara de Kafka”, artículos científicos en una revista de indexación Scielo y repetidas intervenciones en la sección Temas de Diario El Centro.

Herrera, posee una  clara noción acerca de la importancia que reviste el lenguaje no sólo como herramienta de comunicación, sino que como indicador o espejo de una cultura en un lugar y tiempo determinado.

“Una vez que publicamos la primera edición, fui descubriendo que había una gran cantidad de términos que no incluimos. De hecho, probablemente sea el mismo caso ahora: la creatividad lingüística de la comunidad hablante es muy fértil y amplia. Por lo tanto, en la siguiente generación que cursaba Semántica, decidimos aumentar el trabajo anterior, además de precisar de mejor manera algunas definiciones. Mi proyección es que en el segundo semestre del año 2016 deberíamos estar publicando la tercera actualización aumentada”, puntualizó el escritor.

 

  ¿Qué tiene de distinto esta segunda edición a la anterior?

Primero, el equipo de trabajo. Si bien es muy importante y estimulante publicar el diccionario, también es enriquecedor generar una actividad metodológica de investigación que tenga un resultado real y profesionalmente atractivo para nuevas cohortes de estudiantes. En segundo lugar, la extensión, se ha duplicado la cantidad de palabras de la primera edición. Por último, un prólogo mucho más agudo que trabajamos con la Dra. Verónica Gómez y que profundiza en las raíces históricas y sociales de nuestra idiosincrasia lingüística, que además permitió una publicación científica en Argentina.

DSC_0269 ¿Con qué se encontrarán los lectores?

Con nada muy distinto de cualquier diccionario, salvo el detalle que probablemente les servirá de espejo a su propio habla. Como tampoco voy a negar que definir frases como “Echar la foca” o “Cara de palo”, desde un lenguaje preciso en un marco lexicográfico, produce bastante humor en la gente.

 ¿Cuáles son las expectativas?

Gran parte de estos diccionarios los distribuimos entre profesores y escuelas. De tal manera, se espera que el diccionario permita algo tan complejo en el aula como es contextualizar a la realidad de los alumnos, acercando un trabajo a sus expresiones comunes y lo que da vida lingüística a su hábitat. También es importante subrayar que los estudiantes que han colaborado con este trabajo y que hoy viven su primera publicación, podrían fortalecer su entusiasmo y continuar por este camino de la generación del conocimiento y el análisis de nuestra manera de hablar y ser. Tener otras expectativas, como de oficialismo normativo academicista, está muy lejos de representar mis objetivos.

 

 

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