¿Qué es un ser vivo?

 

La pregunta es tan antigua que es extraño el aporte tan innovador que realizó en la década del setenta Humberto Maturana. Tan radicalmente compleja y sencilla a la vez que influenció áreas del conocimiento tan dispares como la neurociencia, la sociología, la computación, la literatura y la filosofía. ¿Qué tiene que estar pasando en un ente para que yo, mirándolo desde afuera, pueda decir que es un ser vivo? 

Para el biólogo e investigador chileno, todos los seres vivos se constituyen o forman como un sistema que de forma permanente está creándose a sí mismo. Proceso en el cual se repara, mantiene y modifica: la creación y desarrollo del concepto de autopoiesis, el que apareció por primera vez en el libro De Máquinas y Seres Vivos (1972), escrito junto a Francisco Varela. La autopoiesis da cuenta de la organización de los sistemas vivos como redes de autoproducción de los componentes que las constituyen.

El vivir pasó a ser explicable dirán, tras su búsqueda por dar respuesta a las preguntas fundamentales de la vida. ¿No es eso la ciencia? ¿La búsqueda de conocimiento? ¿La capacidad de preguntarse por lo básico? Maturana al hacerse el cuestionamiento por la existencia misma cambió no solo la biología, sino la forma de entender al ser humano, la sociedad y su estructura porque aquellas reflexiones sobre la vida desembocaron en la pregunta por el conocimiento: «¿qué es el conocer?». 

En El árbol del conocimiento (1984), Maturana junto a Varela sostienen que no vemos el mundo tal cual es, sino que nuestra experiencia está determinada por nuestra estructura. La objetividad por lo tanto no existe, diría Maturana: es un argumento para someter y controlar. De ahí la importancia de llegar a acuerdos, porque nadie tiene para sí el privilegio de saber cómo las cosas son en sí mismas.

Una teoría biológica plantea, en sí, la importancia de la cooperación por sobre la competitividad. ¡Tan relevante es lo que plantea! Más en el contexto actual en el que se debaten los principios que regirán nuestra convivencia como país. Este es el mayor legado, la búsqueda del sentido desde las ciencias abogando por el diálogo y el respeto mutuo. Lo que nos hace biológicamente humanos nos invita a construir un futuro de colaboración.

Dr. Iván Suazo

Vicerrector de Investigación y Doctorados, Universidad Autónoma de Chile.

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