La pandemia provocada por el COVID-19 en Chile y el mundo ha dejado en evidencia un conjunto de falencias y precariedades existentes en la salud pública y recalca la importancia de avanzar en una política pública flexible, transparente y participativa que valore y proteja la salud mental de las personas durante emergencias y catástrofes.

Esto es más importante aun cuando la población se ve enfrentada a largos periodos de cuarentena preventiva, donde el aislamiento social se transforma en un factor de riesgo diferencial para toda la población

Según explica Dr. Eduardo Sandoval, psicólogo e investigador del Instituto de Estudios Sociales y Humanísticos (IDESH) de la Universidad Autónoma de Chile, existe un grupo etario con el cual país ha estado en deuda hace muchos años: las personas mayores.

“Pese a que se han implementado planes y programas específicos de protección de la vejez, relacionados al turismo social, programas de buen trato, envejecimiento activo u otros, estas medidas han sido superficiales y no han permitido instalar un sistema integral y moderno que responda pertinentemente a las necesidades e intereses de nuestros adultos mayores”, señaló el académico.

Por ello, y en el contexto de pandemia en los que las personas mayores se han convertido en una población de riesgo, producto del número total de fallecidos en el mundo a causa de este virus, es altamente necesario plantear para la protección de la salud mental de este grupo etario.

Sandoval plantea que “los impactos psicológicos para las personas mayores pueden incluir ansiedad, estrés, irritabilidad o tristeza. Estas reacciones suelen ser particularmente difíciles para las personas mayores que pueden estar experimentando un deterioro cognitivo o demencia o que viven en soledad hace mucho tiempo. Importante es que quienes los rodeen puedan ofrecer ayuda o mostrarse disponibles para orientarlos en el uso de redes sociales, por ejemplo, lo que les permitirá activar y fortalecer redes de apoyo disponibles en su entorno”.

Otro aspecto a considerar es la estigmatización y el alarmismo, dado que los adultos mayores son el grupo más afectado por el Covid-19, tratarlos como personas vulnerables puede inducir mucho miedo.

“Relacionarse de manera empática y colaborativa con ellos, reforzando aspectos de higiene y autocuidado, así como la transmisión de información clara y precisa sobre las medidas sanitarias implementadas en su región sin duda ayudará a que estén más confiadas durante sus actividades diarias”, añadió.

Hay muchas otras acciones que las personas mayores pueden iniciar por sí mismas o con el apoyo de un cuidador para proteger su salud mental durante el periodo de cuarentena, como por ejemplos: realizar actividad física, mantener rutinas de readaptación activa; desarrollar un hobbie como leer o pintar; o asumir como desafío el uso de las redes sociales y medios digitales para entablar comunicación con pares o redes de apoyo familiar.

 

 

 

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