El Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Chile se refirió al rol de los consumidores y la protección de estos en una columna publicada en el diario El Mostrador. Léela a continuación:

Enfrentamos el peor escenario económico a nivel mundial de los últimos tiempos, vivimos una pandemia que ha paralizado las fuentes productivas y dejado sin empleo o con empleos subsidiados a millones de chilenos y chilenas, la mayoría sobreendeudados y en riesgo de caer en insolvencia.

Los hogares de nuestro país sustentan su consumo gracias al acceso al crédito, ya sean de bancos, casas comerciales, para cubrir así sus gastos básicos, como llenar la despensa, es por eso por lo que crece la preocupación frente al escenario del llamado consumidor financiero: ¿Cómo poder pagar las cuotas, sin trabajo o con un ingreso mucho menor?

En momentos de crisis como el actual, es importante tener en cuenta cada uno de los eslabones de la economía, cuidando no dejar a nadie afuera, por lo que las políticas públicas en torno a la crisis sanitaria deben, necesariamente, incluir una solución para este grupo tan masivo de consumidores, los más débiles de la cadena.

Esto ha sido abordado por otros países como España, Alemania y Francia, permitiendo suspender los pagos de créditos, tanto en el ámbito de consumo como hipotecario, bajo el cumplimiento de ciertas condiciones, entre otras, la existencia de vulnerabilidad económica.

Este camino es, a mi juicio, el correcto ya que al impedir que el consumidor caiga en mora, pasada la crisis por Covid-19, este seguirá siendo sujeto de crédito, permitiendo reactivar el consumo, que, al final de cuentas, es uno de los motores más importantes de la economía.

Considerando esto último, y velando por la estabilidad del sistema financiero completo, es necesario adoptar medidas, que mitiguen la situación de crisis que viven los consumidores.

Estas medidas deben ser inmediatas para tener el efecto protector del crédito, esto considerando que toda la cadena productiva de la economía tiene un solo propósito, y no es otro que los bienes y servicios que se producen lleguen finalmente al consumidor, y éste, a su vez, tenga posibilidades ciertas de adquirirlos en condiciones justas y dignas.

La banca puede enfrentar el reto, ya que se encuentra preparada más que nunca, gracias a que el Banco Central ha inyectado liquidez al sistema -a través de tasas al 0,5%-, permitiendo mejorar las reservas de los bancos. Y, por otra parte, si se considera la reciente modificación de la Ley de Bancos, que estableció un capital adicional de 2.5%, homologando a estándares internacionales, como es Basilea III.

Solo falta ahora mitigar la crisis que vive el consumidor financiero, para lo cual, es necesario más que nunca que el eslogan de clase media protegida sea una realidad.

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