Dejar de considerarlo como una enfermedad sino como una condición, ha sido uno de los grandes cambios en cómo la sociedad percibe el autismo. Es algo sutil, de nomenclatura, pero encierra todo un enfoque sobre de las características humanas, alejado del estigma y centrado en la neurodiversidad.

Esa evolución se debe en parte a que hay más conocimiento sobre los trastornos de espectro autista. Y eso, a su vez, ha permitido que los profesionales lleguen a un diagnóstico cada vez más temprano y pongan en práctica tratamientos más efectivos para sus pacientes y sus familias.

“Hoy se conoce mucho más de este tema”, dice Macarena Krefft, profesora de Fonoaudiología de la Universidad Autónoma de Chile y directora del magíster en Evaluación e Intervención ABA de esa casa de estudios en Santiago.

“Sobre todo, hemos evolucionado como sociedad hacia un mayor respeto de las diferencias individuales, desde la neurodiversidad e independiente de la etiqueta de diagnóstico”.

¿Qué tan relevantes son, entonces, una evaluación precisa y una buena intervención?

“Es fundamental y para eso se requiere de profesionales cada vez más capacitados, porque el ‘ojo clínico’ es importante pero no suficiente. Es necesario actualizarse en los nuevos instrumentos estandarizados, las nuevas técnicas y las nuevas evidencias”.

Explica que existen diferentes líneas de intervención el autismo, como el método TEACHH, Floortime y ABA. “Nuestro magíster, que está validado por el Behavior Analyst Certification Board, se centra en ese último modelo, que es una ciencia basada en la modificación conductual”.

En el pregrado, y desde su particular experiencia en la docencia de la Fonoaudiología, Krefft sostiene que antes se entregaba un barniz y desde la teoría.

“Hoy, con nuestro modelo formativo centrado en el estudiante, nos preocupamos de desarrollar competencias para evaluar e intervenir independiente de la etiqueta de diagnóstico; o sea, en función de la neurodiversidad”.

En la práctica, que los futuros profesionales sean capaces de identificar las fortalezas y debilidades de un niño, y las oportunidades y amenazas del medio. A partir de ello, lograr un programa de intervención adecuado y completo.

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