A lo largo de toda su historia futbolística, hasta junio de 2015, la selección chilena nunca había sabido de títulos y probablemente los mayores logros eran a nivel de clubes: la Copa Libertadores conseguida por Colo Colo en 1991 y la Sudamericana obtenida por Universidad de Chile en 2011.

“Por mucho tiempo hemos estado habituados a los llamados “triunfos morales”, esa condición que nos habla del casi; casi fuimos campeones, casi ganamos el partido, pero nunca un logro real, contundente y absoluto”, nos recuerda Víctor Cabrera, docente de la Clínica Psicológica de la Universidad Autónoma de Chile.

Explicó que “estas experiencias llevadas al fútbol siempre fueron confirmando que el triunfo era solo para algunos, aquellos bien dotados, mejor preparados o con alguna suerte de protección de algún ángel o divinidad”.

Sin embargo, la historia comenzó a cambiar radicalmente fruto de una generación de jugadores y técnicos llenos de convicción y trabajo dedicado. “De un tiempo a esta parte, parece ser que lograr lo imposible es posible, que la voluntad, la perseverancia, la disciplina y, por sobre todo, la constancia a toda prueba, son sin duda la llave del éxito, no solo en el fútbol sino en cualquier campo de actividad que deseemos emprender”, asegura Cabrera.

Añadió que “el triunfo no es la suerte, no es la protección de alguna divinidad o del amuleto. Es algo más simple que eso. Es la convicción más absoluta de que yo puedo, de que nosotros podemos, independiente de cualquier condición. Y nos pone frente a la inevitable confrontación de nuestras creencias que se transforman en habitantes permanentes de nuestro hogar interior y que nos dicen una y otra vez que para ser exitoso hay que tener ciertas condiciones, como si acaso ya no las tuviéramos”.

Para el docente y Magíster en Psicología Social Aplicada, “el triunfo de esta selección frente a equipos y rivales extraordinarios, nos muestra que nada es imposible y que el único enemigo que nos tiene cautivos es lo que finalmente creemos de nosotros mismos, cuál fantasma que ronda alrededor nuestro”.

“El triunfo de este equipo no solo muestra las cualidades individuales de cada integrante, sino que también una férrea unión y convicción colectiva de que todo es posible, de que nada nos va a vencer, como si ello fuera un mantra que da fuerza, ímpetu y, por sobre todo, una irrefrenable valentía de ser”, concluyó.

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