Mejoras considerables en el servicio y la optimización de los recursos disponibles son sólo dos de los beneficios que se logran aplicando calidad asistencial y si bien su implementación puede significar una fuerte inversión inicial, con el tiempo se recupera.

Estas son sólo algunas de las ideas que se extraen de la clase magistral “El desafío de la Calidad Asistencial Aplicada” que ofreció el Dr. Frances Fatjó, en el marco del Master Aplicado en Calidad Asistencial que se dictará en la Escuela Internacional de Postgrados de la Autónoma, gracias a un convenio con la Universitat de Barcelona.

El experto sostuvo que la calidad asistencial es una disciplina que busca que los profesionales, principalmente del área de la salud, trabajen de forma más fácil, ordenada, coherente, orientados a los pacientes e intentando entender más lo que los pacientes esperan de ellos.

En este contexto, dio especial importancia a la comunicación con los pacientes y las familias, y aseguró que en los sistemas sanitarios es necesario que el paciente deje de tener un rol pasivo sólo obedeciendo, para tener un rol más activo y participe de alguna forma en controlar y mejorar su salud.

“Previo a eso debe haber una cultura en la población y una cultura en la población sanitaria de que esto es necesario, conveniente y adecuado. Y hoy esa cultura no está totalmente implantada”, enfatizó.

Otro de los aspectos importantes en la calidad asistencial –señaló- dice relación con las evaluaciones en las organizaciones, “las evaluaciones externas de las organizaciones (cómo están trabajando), las internas (cómo se autoevalúan), todo lo que es la gestión del conocimiento; cómo las organizaciones sanitarias gestionan su conocimiento y lo hacen llegar a sus profesionales, a los pacientes y a sus familias; también un poco de bioética, de gestión clínica, seguridad clínica y sistemas avanzados de gestión de la calidad”, detalló.

A su juicio, hay una parte de la calidad que tiene que ver con las expectativas de los clientes y otra que se relaciona con cómo se generan sistemas más eficientes de trabajo, con costos más ajustados, porque son limitados. “Por lo tanto, necesitamos sistemas muy eficientes que trabajen de una forma muy ordenada para conseguir los mejores resultados posibles con el menor costo posible”, puntualizó Fatjó.

Reconoció que todas estas mejoras pueden significar una inversión inicial importante, pero aseguró que se recupera. “Hablamos de los costos de la no calidad. O sea, obviamente implantar la calidad como una línea estratégica fundamental en una organización conlleva a una inversión, pero el no hacerlo conlleva costos superiores. Es decir, seríamos profesionales que no gestionan adecuadamente los recursos, que no entienden cómo son los procesos; que no tratan bien a sus pacientes y, por lo tanto, los perdemos; genera problemas de seguridad clínica y, por ende, errores que implican indemnizaciones que se traducen en un costo… Balance final, que los costos de la no calidad son muy superiores a los de la calidad”, concluyó.

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