El pasado 21 de diciembre millones de personas observaron la conjunción que existió entre Júpiter y Saturno, denominado por los medios de comunicación como “La Estrella de Belén”. A raíz de este hecho, que no se registraba hace 800 años, la carrera de Pedagogía en Lengua Castellana y Comunicación de la Universidad Autónoma de Chile en Talca, realizó una charla que contó con la participación del astrónomo Dr. Rodrigo Herrera-Camus y de investigadores que abordaron el estudio de la biblia como texto literario.

“Esta estrella de Belén como se mencionó en los medios, fue una conjunción entre Júpiter y Saturno. Estas conjunciones son raras, ocurren en períodos de tiempo de siglos. En el caso particular de esta, no se va a volver a repetir hasta 2080. Como ocurrió cerca de diciembre los medios la catalogaron como la estrella de Belén. Con respecto a los reyes magos, como se cuenta en la biblia, cabe señalar que eran sabios que venían de la zona de Persia o Babilonia, donde sabemos que había un gran conocimiento astronómico y los sucesos que ocurrían en el cielo tenían que tener una interpretación del destino de las personas. Como las estrellas salen del oriente, existía en esa época un concepto conocido como la ascensión heliacal de un planeta. Esta estrella no solo aparece o se levanta, sino que también de alguna forma los guía. Ellos tenían un amplio conocimiento y conectaban la mecánica celeste y las predicciones que podían hacer con una interpretación más aterrizada y podían dar consejos a los gobernantes de la época. De hecho, una lista de eclipses ocurridos en la zona de Babilonia entre el año 518 y 865 A.C. fueron capaces de predecirlos con una exactitud de día y hora. El hecho de que se levantara esta estrella, para ellos tenía un significado muy importante y eso obviamente los motiva a ir y adorar a esa persona que nació bajo este levantamiento de la estrella”, afirmó Herrera-Camus.

Por su parte, el docente y magíster en Ciencias Religiosas y Filosóficas, David Pino Alonso, acercó el texto bíblico desde disciplinas como la filología, la lingüística y, por supuesto, la literatura. “La redacción del texto bíblico demoró siglos y siglos. No nació como una unidad, sino que fueron diferentes fragmentos de texto que se fueron difundiendo a través de distintas comunidades en la antigüedad, donde se piensa que el libro más antiguo probablemente sería el “Cántico de Débora”, en el siglo IX A. C. La diferencia de la Biblia, con otros textos de la antigüedad, es el número de copias. La Biblia cuenta con más de 250 mil copias, o sea, es inmensa la cantidad de copias de textos bíblicos, lo que demuestra la importancia de este texto para muchas culturas. No solamente para el mundo judeocristiano, sino también para las comunidades que estaban cerca y que interactuaron con la comunidad judía de la época. Podemos decir incluso que existen muchas más probabilidades de que lo que aparezca en la Biblia, tenga mucho más asidero, no sé si histórico, pero sí historiográfico, de los acontecimientos que se cuentan en otros textos de la antigüedad, de los cuales conservamos muchas menos copias y con mucho más tiempo de diferencia entre las copias más antiguas con el tiempo original al que se refieren”, describió Pino.

El director de carrera de Pedagogía en Lengua Castellana y Comunicación de la Universidad Autónoma en Talca, Dr. Christian Troncoso, además de referirse en su ponencia al “Cantar de los Cantares”, texto perteneciente al antiguo testamento y de difícil análisis, destacó la relevancia de desarrollar este ciclo de charlas. “Es muy importante abordar la Biblia desde una perspectiva académica, a partir de los estudios desde el ámbito de la filosofía, la filología y la astronomía. Les agradecemos su presencia, ya que nos permite visualizar mucho más la trascendencia con respecto a este texto fundamental en la historia de occidente”, finalizó Troncoso.

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