Columna de opinión por Marcela Peredo R.

El 18 de octubre pasado, todo parecía resolverse en una sola expresión, más bien en dos “Nueva Constitución”. Un acuerdo político el 15 de noviembre de 2019 parecía resolver todos los conflictos sociales que fueron evidenciados por un Chile que despertó… Y que a mi juicio, no estaba dormido, sólo callaba esperando oportunidades mejores. Esas oportunidades se resolvían con un nuevo texto constitucional… Más allá si ese es un medio idóneo de resolución de conflictos sociales, las constituciones son un acuerdo en lo fundamental, pero en octubre parecía que no había acuerdo y menos en lo fundamental.

Sin que nadie lo esperara o quisiera, el hecho es que el covid llegó al proceso constituyente.Ese hecho evidente, me recuerda a Bernard Crick, quien decía que la política no lo puede todo ni está en todo, qué no todo es político. Y aunque muchos se puedan resistir a esa afirmación, lo cierto, es que la pandemia ya suspendió el plebiscito de abril pasado y la realidad sugiere que una nueva Constitución no nos alejará de la pandemia, del aislamiento social, del crudo amanecer sin poder abrazar a quienes amamos porque esa es la nueva forma de cuidarnos, la nueva forma de solidaridad y responsabilidad social.

Entonces, pareciera ser que el Covid-19, un virus mundial e igualitario que no discrimina edad, sexo o condición social, nos exige un esfuerzo más que no está escrito en ninguna Carta Fundamental porque es un problema ético. El corona virus nos exige no actuar por aprovechamiento político mezquino, no por intereses de pocos o muchos- lo mismo da en estas circunstancias-, que nuestros ojos se alcen y nuestra voz proteja los derechos humanos ahora, ya! No en dos o tres años en que no sabremos qué Chile es el que dejará la pandemia.

Parece contrario al derecho humanitario que es la razón de ser de una Constitución, que se piense ir el 25 de octubre a votar apruebo o rechazo con mascarillas y exponiendo nuestra vida y salud que una Carta Magna debe proteger. Y es que nadie teme al proceso constituyente, que es lo que a veces se dice por los del apruebo o los del rechazo. Yo no temo a las Constituciones, yo temo que por razones políticas se juegue con la vida de las personas cuando al día de hoy, muchos chilenos y chilenas han partido por un virus que se llevó su último aliento. Y el conocimiento científico y técnico debe estar con ellos, no contra ellos por ideologías políticas que no se centran en el ser humano sino que los instrumentalizan con fines eleccionarios.

Y es que, parece contrario a los derechos humanos que los constitucionalistas debemos defender, gastar erario fiscal en campañas, elecciones, urnas y plebiscitos cuando lo que nuestro país necesita son ventiladores mecánicos, camas e instrumental médico que proteja a nuestros seres queridos. Una política social fuerte a partir de leyes centradas en el ser humano y sus derechos sociales, sobre todo, convertir el virus en una oportunidad en mejorar el sistema sanitario chileno.

También, parece contrario al sentido común que la discusión política se centre en el debate entre los alcaldes y sus posibles opciones de reelección y las medidas del gobierno y la oposición democrática, mientras la gente sufre por el desempleo y los cambios que el virus ha dejado en su

integridad física y siquica, que es base de la dignidad humana fuente de todos los derechos y deberes.

Consideramos que el sentido del Estado es como decía Aristóteles, el bien común y de ello emana una obligación constitucional concreta, esto es, proteger a la población. El covid nos advierte que todo es perfectible pero nada es predecible. Nos lleva al interior del ser humano nos pide unidad, altura de miras y remedios constitucionales ahora. Hoy, no a plazo fijo como un producto de mercado a través de un calendario eleccionario apocalíptico y costoso para un país que debe priorizar el sentido de servicialidad de las leyes y de la política pública.

El covid nos exige a los constitucionalistas de todas las esferas y colores a hacer propuestas constitucionales que puedan ser ratificadas por el pueblo cuando las condiciones existan. Nos pide un acuerdo en lo fundamental que proponer sin dilatar o jugar al pocker con el Chile que sufre. Nos exige unión e ideas al servicio del país como lo hacen todos los países con sentido común en tiempos de crisis. Eso porque, nada asegura que de aquí a octubre sea el día que la pandemia le permita a los constitucionalistas pensar que una Carta Magna podrá detener una pandemia mundial.

El res sunt, o el realismo político nos enseña que Estados con gobiernos liberales, Estados con gobiernos socialistas, Estados benefactores y subsidiarios han sido afectados en sus sistemas de salud colapsados y con personas que han fallecido y sus familiares no pueden siquiera darle un beso de despedida.

Por ello, en términos constitucionales y políticos es tiempo de seriedad y de propuestas constitucionales concretas que se puedan ratificar por medios tecnológicos certificando la voluntad de Chile. Las condiciones ya cambiaron, la pregunta es ¿Qué haremos nosotros con esta realidad ahora?

Yo, sólo puedo pensar que la voluntad de Chile no es hacer todo desde cero cuando las familias chilenas sufren hoy.

Marcela Peredo Rojas
Doctora en Derecho
Magister en Derecho Publico mención derecho constitucional
Magister en investigación jurídica ADI UA

 

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