Para el profesor holandés Frank Kronenberg, la praxis de la terapia ocupacional no puede ignorar la historia y la política. Ambas son la base de un enfoque social de la profesión, en un abierto desafío a toda la comunidad académica y científica.

Ese es el espíritu de un “movimiento”, como él llama, que surgió a fines de la década de los ’90. Sistematizando conceptos y propuestas, coescribió el libro ‘Terapia Ocupacional sin fronteras’, que da nombre también a una organización no gubernamental de la que es cofundador.

“Somos una plataforma que abre espacios a los que no tenían la oportunidad de compartir sus prácticas”, dijo al terminar una charla con estudiantes de esa carrera en la Universidad Autónoma de Chile Santiago.

Recordó que hace más de 20 años, algunos profesionales comenzaron a reflexionar sobre las teorías y modelos de la disciplina desarrollados en Europa y Estados Unidos.

“La terapia ocupacional dominante está construida y perpetuada en forma ahistórica, apolítica y acrítica. Partes de esa propuesta son de aplicación universal, pero otras representan solo a esas culturas y lo que hacemos es invertir eso desde una perspectiva crítica”.

“El modelo biomédico -añadió Kronenberg- no es siempre el punto de partida para el ejercicio profesional. En vez de preguntar por el estado de un paciente, nuestra preocupación es cómo estamos como sociedad y el trabajo comunitario”.

Para el director de Terapia Ocupacional de la Universidad Autónoma de Chile en Santiago, magíster Jorge López, Kronenberg “ha ido construyendo la comprensión del ser humano a partir de su relación con la cultura y su contexto”.

Es, a su juicio, una definición de la profesión desde las raíces mismas del hombre, que se hace cargo de una nueva forma de entender la sociedad y que es parte de los contenidos de algunas asignaturas del plan de estudios.

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