El Centro de Estudios y Gestión Social (CEGES) de la Universidad Autónoma de Chile realizó en Talca el seminario multidisciplinario “El Maule hoy. Transformaciones de una década”, reuniendo a un selecto grupo de académicos e investigadores de distintas universidades del país y congregando a alrededor de 300 personas para pensar en los cambios ocurridos en la Región del Maule y en el Valle Central durante la última década.

En ese contexto, el análisis de aspectos como la matriz económica del Maule, las nuevas formas de vivir la ciudad, las transformaciones socioculturales de la región y sus conflictos socioambientales, y el patrimonio y la historia de la zona, se cruzaron con temáticas contingentes como la escasez hídrica, la inmigración y el giro que ha ido dando la zona hacia sectores productivos distintos a la agricultura, todo lo cual configura nuevos desafíos para la región en las próximas décadas que este encuentro comenzó a visualizar, de manera de convertirse en un punto de partida para la construcción de nuevas oportunidades que salgan de la voz de los propios habitantes del Maule y que puedan ser consideradas en las políticas públicas.

“El seminario hay que pensarlo como una instancia orientada no sólo a transferir el conocimiento y la investigación que se ha desarrollado en el Maule, sino también de divulgación e impacto en la agenda pública y en los debates propios de una región que, si bien es rica en muchas fuentes de recursos, también presenta algunos vacíos en otras áreas. La idea de este encuentro es mostrar con perspectiva de 10 años cuáles son los avances y las deudas que tenemos en materia económica, ambiental, crecimiento territorial y social con miras a que en el próximo desarrollo de la agenda pública, de 2025 en adelante, tengamos perspectivas de mejora y construcción de oportunidades que nazcan de la propia voz de los maulinos”, planteó el director del CEGES, Víctor Yáñez.

Por su parte, la investigadora del centro de estudios universitarios, Dra. Andrea Gartenlaub, agregó que la importancia del encuentro radica en que hoy el país y la región está enfrentando una crisis hídrica, algo que tiene un impacto relevante en el Maule. “Esta región es eminentemente agrícola, entonces hay varios desafíos en áreas como la económica, productiva y transformación del empleo y hemos querido invitar a académicos nacionales y regionales para enfrentarnos a estos desafíos que van a cambiar la matriz productiva del Maule y no sabemos bien qué va a pasar”, sostuvo.

Una nueva agricultura

En este contexto, el sociólogo de la Universidad de Chile, Manuel Canales, encargado de los informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para Chile y Bolivia, planteó que es importante considerar la construcción de una nueva pequeña agricultura, algo que el investigador está desarrollando en San Vicente de Tagua Tagua. “La idea es básicamente conectar, nunca más la agricultura sola, nunca más solo para ganar, nunca más solo con la técnica porque hay que tener cuidado con ella, con la ganancia y con la elección. Estamos haciendo un agroparque, es decir, es agricultura pero es parque, es paseo, es jardín de plantas medicinales y hay siembras, chiquitas, pero hay de todo y ahí se produce un buen alimento. Es nada más que volver a una agricultura sostenible y mostrar en esa configuración a la bestia, que es la técnica y la ganancia, y esto se hace sin técnica agresiva y gana porque todo es fresco y es infinitamente mejor, y no debe dejar pasar ni una pizca de esa flatulencia de los ingenieros y su potencia técnica o la publicidad o la mercancía”, planteó Canales.

El investigador agregó que en las próximas décadas, lo que le va a tocar a la Región del Maule es ser parte de lo que llamó “una lucha civilizatoria”. “En el fondo, es la lucha a muerte entre el capital, que no sabe parar, y la aparición del habitante, que va venir de ciudadano, pero no como individuo que al final es consumidor, sino como una cierta conciencia de colectivo, derechamente de habitar el territorio”, indicó.

Más conflictos por el agua

Es el tema que más preocupa, ya no solo a los agricultores, sino también a la ciudadanía, ya que los conflictos por los recursos hídricos también podrían llegar a generar escasez para el consumo humano en las próximas décadas.

Al respecto, el investigador de la Universidad de Chile, Octavio Avendaño, quien desarrolla un proyecto Fondecyt que aborda las distintas controversias entre los principales grupos de interés que han intervenido en el marco de la discusión sobre la reforma al Código de Aguas, señaló que es esperable que en la Región del Maule los problemas en torno al uso del recurso continúen y se agudicen, a tal punto, recordó Avendaño, que hace un par de años fue el propio Presidente de la República quien tuvo que intervenir en el conflicto entre los regantes y una empresa generadora de electricidad por el uso de las aguas de la Laguna del Maule. “Hasta ese entonces todos los conflictos se resolvían a través de los tribunales, lo cual está reflejando la importancia y la fuerza que está adquiriendo el conflicto por el agua y, al mismo tiempo, el compromiso por parte del Ejecutivo de asumir de manera más directa no solamente la mediación sino que la solución de las problemáticas”, subrayó el investigador.

Respecto a una posible nacionalización del agua, Avendaño explicó que es muy difícil, ya que ello forma parte de las limitaciones del proyecto de modificación del Código de Aguas. “Estamos hablando del 10% disponible, porque el 90% restante ya fue concedido a particulares y es muy difícil recuperar ese recurso que ya fue cedido. No existen condiciones legales y constitucionales, y habría que partir reformando la Constitución en aquel artículo que garantiza el derecho a propiedad y sobre todo el dominio de las aguas para pensar en algo así como la nacionalización. Lo que se ha discutido los últimos años es en base al 10% disponible y  aun así es algo que ha generado bastante controversia y bastante disputa entre los actores involucrados”, indicó.

Cambios en la matriz productiva

Fue otro de los temas abordados en este encuentro, oportunidad en que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) aportó con datos duros para entender esta dinámica. Pedro Rojas, representante del organismo público, detalló que en 10 años se han incorporado más de 100 mil personas a la fuerza de trabajo en el Maule, y si se analiza este escenario por actividad económica, la agricultura, que concentra el mayor valor agregado de la región, ha mantenido estable la cantidad de personas trabajando en el sector.

Rojas indicó que las personas se han desplazado a áreas como el comercio, hoteles, transportes, administración pública, enseñanza y negocios propios. “La gente sale efectivamente a buscar empleo, pero ya no lo hace en el sector agrícola, que ha perdido un poco la importancia que tenía hace 15 años y las personas se están moviendo más hacia el sector de los servicios”, dijo.

Guillermo Riquelme, investigador del CEGES, agregó que “efectivamente el cambio en la matriz productiva es algo muy visible. Lo que más ha crecido en los últimos 10 años claramente es  comercio y servicios, supermercados y malls.  Si bien es cierto somos una región agrícola, cada vez lo somos menos y es interesante ver como también hay una cuestión más bien nacional, en que la actividad agrícola, a nivel país, está perdiendo mucha competitividad por el tema climático y otras condiciones que la están afectando”, apuntó el investigador.

Inmigración

La llegada de extranjeros a la Región del Maule también fue analizada por este encuentro, pensando en cómo el fenómeno de la inmigración está generando nuevos escenarios, problemas y desafíos a la zona.

Al respecto, el investigador del CEGES, DR. Felipe Tello, caracterizó esta realidad dando algunos datos que han recogido a través de investigaciones realizadas por el centro de estudios. “La inmigración se concentra principalmente la provincia de Talca, aunque existe en las 30 comunas de la región; los migrantes que llegaron entre el 2010 y 2017 representan alrededor del 60% de los extranjeros presentes en la región; las comunidades extranjeras con mayor número de integrantes son la venezolana, argentina, haitiana y colombiana y está compuesta por un número levemente mayor de hombres que de mujeres, en edad laboral activa y, en promedio, con más años de escolaridad que los habitantes maulinos”, sostuvo el investigador.

Además, agregó que la visión del habitante de la región es matizada respecto del inmigrante, ya que, según Tello, los talquinos no consideran al inmigrante como parte de la identidad maulina pero no existe una visión negativa. “Se reconoce el aporte que los inmigrantes realizan a la región y el país, pero lo que sí se presenta es una preocupación por cómo la llegada de los habitantes a la región afecta a la provisión de algunos servicios sociales como educación y salud, que, además, son de los más mal evaluados por los usuarios”, aseguró.

En ese contexto, la investigadora de la Universidad Católica del Maule (UCM), Carla Arriagada, respondió a la pregunta de por qué muchos extranjeros han elegido el Maule, planteando que hay un conjunto de características, asociadas al tema de la realidad laboral de los inmigrantes, que permite visualizar la integración del proceso migratorio internacional en la reconfiguración del territorio chileno que se ha ido construyendo en las últimas décadas, pensando en un ámbito más allá de lo productivo, que alcanza también al aspecto demográfico.

De esta manera, la investigadora señaló en su estudio que la región ha sido escogida por los inmigrantes por sus características urbano-rurales del territorio y la posibilidad de acceder a una oferta laboral que aunque precaria, es abundante, especialmente en el ámbito agrícola.

Revalorizar el conocimiento

Finalmente, el investigador de la Universidad de Santiago, Dr. Pablo Lacoste, planteó un desafío mayor para la región: la revalorización de la identidad y el patrimonio ancestral, conocida hoy como economía naranja, oportunidad en que presentó distintos ejemplos mundiales que revalorizaron la importancia del patrimonio del hacer campesino desde la industria del vino. “El Maule tiene un espesor cultural extraordinario que hasta ahora no lo hemos valorado ni visibilizado lo suficiente. Ejemplos tenemos en el queso chanco o los vinos pipeños, todo realizado por campesinos locales, aquellos que desarrollaron la cultura del amor por la tierra, el amor por las plantas y el cuidado del medio ambiente y el bosque nativo. Hay una cantidad de conocimiento que generaron esos campesinos que permitió que Chile pudiera surgir y eso es lo que tenemos que recuperar para poner en marcha un plan de desarrollo local de abajo hacia arriba”, sostuvo.

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